Sistema de Información de la Arquidiócesis de Guadalajara

Reseñas biográficas

BEATO ANACLETO GONZÁLEZ FLORES, LAICO. MÁRTIR

Beato Anacleto con Mons Francisco Orozco y JEn 1908 ingresó al seminario auxiliar de San Juan de los Lagos; se destacó por su vida de oración, su clara inteligencia y liderazgo entre sus compañeros. Cuando comprendió que su vocación no era el sacerdocio ministerial ingresó en la Escuela libre de leyes. Notable pedagogo, orador, catequista y líder social cristiano, se convirtió en paladín laico de los católicos de Guadalajara.

En los conflictos de 1918-1919 que tocan la vida de Guadalajara y de Jalisco, González Flores fue sin lugar a dudas, uno de los principales defensores de los derechos violados, sobre todo el de la libertad religiosa. El 22 de julio de 1918 se celebró la manifestación más grande contra las leyes persecutorias; fue organizada precisamente por González Flores. A partir de entonces, Anacleto fue el alma de la lucha cívica católica en Jalisco. El boicot económico, las protestas y manifestaciones lograron que fueran derogados los decretos anticatólicos: “1913” y “1927”.

Poseedor de vasta cultura, escribió algunos libros llenos de espíritu cristiano, así como centenares de artículos periodísticos. En octubre de 1922 contrajo matrimonio con María Concepción Guerrero, con quien tuvo dos hijos.

Muy fiel a su prelado, el siervo de Dios Francisco Orozco y Jiménez, propuso a los católicos la resistencia pacífica y civilizada a los ataques del Estado contra la Iglesia; constituyó por ese tiempo la obra cumbre de su vida, la Unión Popular, que llegó a contar con decenas de miles de afiliados.

Al finalizar el año 1926, después de haber agotado todos los recursos legales y cívicos habidos, y ante la inminente organización de la resistencia activa de los católicos, apoyó con su prestigio, su verbo y su vida, los proyectos de la Liga nacional defensora de la libertad religiosa.

Anacleto tuvo que vivir prácticamente en la clandestinidad, escondiéndose. Se vio perseguido y buscado como un criminal peligroso. Él mismo decía: “Ya en ninguna casa me quieren, de aquí a dos meses tendré que irme al monte”.  Sin embargo, Anacleto tomó la decisión que su conciencia le dictaba: quedarse y asumir toda la responsabilidad que Dios le había confiado a través de su misma sufrida historia personal; quedarse con la gente y luchar por su libertad fundamental con todos los medios lícitos a su alcance. “Solamente los cobardes no hacen nada”, había escrito en el último número de la revista Gladium.

Las autoridades buscaban cortar de raíz la oposición y la rebeldía, ya que el grupo armado cristero iba en aumento. Anacleto era considerado el líder principal seglar del movimiento católico en Jalisco. Dar con él y con sus compañeros y matarlos parecía ser el remedio más eficaz para eliminar el conflicto.

 Alimentado con la oración y la comunión diaria, fortaleció su espíritu para dar su voto con sangre por la libertad de la Iglesia católica. La madrugada del 1° de abril de 1927 fue aprehendido en el domicilio particular de la familia Vargas González; se le trasladó al cuartel Colorado, donde se le aplicaron tormentos muy crueles; le exigían, entre otras cosas, revelar el paradero del arzobispo de Guadalajara: “No lo sé, y si lo supiera, no se lo diría”, respondió. Los verdugos, bajo las órdenes del general de división Jesús María Ferreira, jefe de operaciones militares de Jalisco, descoyuntaron sus extremidades, le levantaron las plantas de los pies y, a golpes, le desencajaron un brazo.

Antes de morir, dijo a Ferreira: “Perdono a usted de corazón, muy pronto nos veremos ante el tribunal divino, el mismo juez que me va a juzgar, será su juez, entonces tendrá usted, en mí, un intercesor con Dios”. El militar ordenó que lo fusilaran.

 Con Anacleto fueron fusilados los hermanos Jorge y Ramón Vargas González y Luis Padilla Gómez. La crueldad del Gobierno perseguidor dio ese día a la Iglesia cuatro Mártires de Cristo Rey.

Anacleto ACJMBeato Anacleto con estudiantes de la Gironda
Beatos Anacleto y Miguel, reciben la medalla Pro EcclesiaBeato Anacleto, velorio, su esposa e hijos
Beato Anacleto, funeral

 

BEATO ÁNGEL DARÍO ACOSTA ZURITA, PBRO. MÁRTIRAngel Dario

Nació el 20 de diciembre de 1908, en Naolinco, Ver. Desde niño conoció las limitaciones y los sacrificios, ya que en las revueltas armadas por la revolución, su padre perdió el ganado que poseía y los medios económicos necesarios para el sostenimiento de su familia, enfermó de gravedad y al poco tiempo falleció.

Contaba con tan sólo trece años cuando, en su pueblo, conoció al obispo de Jalapa, Mons. Guízar y Valencia a quien comunicó su anhelo de ser sacerdote. El obispo consideró que era muy joven para ingresar al seminario. La mamá de Darío llevó a su hijo a Jalapa con el Sr. Obispo, para suplicarle que lo recibiera en su Seminario, logrando que lo aceptara.

Fue ordenado sacerdote el 25 de abril de 1931. Mons. Guízar lo nombró vicario cooperador de la parroquia de la Asunción, en la ciudad de Veracruz.

Desde su llegada a Veracruz, fue notable para la gente su fervor y bondad, su preocupación por la catequesis infantil y dedicación al sacramento de la reconciliación. En sus predicaciones había expresado: “La cruz es nuestra fortaleza en la vida, nuestro consuelo en la muerte, nuestra gloria en la eternidad. Haciendo todo por amor a Cristo crucificado, todo se nos hará más fácil. Si él sufrió tanto por nosotros en ella, es preciso que también nosotros suframos por Él”.

Aunque habían pasado los años más difíciles de la persecución religiosa (1927-1929), la situación no había cambiado mucho. El gobernador, Adalberto Tejeda promulgó el decreto 197 o Ley Tejeda, referente a la reducción de los sacerdotes en todo el Estado de Veracruz, para terminar con el “fanatismo del pueblo”. La disposición al martirio, de sacerdotes y laicos católicos, era manifiesta y constantemente. El P. Darío era consciente del peligro que corría su vida, sin embargo, manifestó en todo momento una gran tranquilidad y una serena alegría.

El sábado 25 de julio de 1931, el P. Darío recibió la visita de su mamá, que llegó a Veracruz en el momento en que él celebraba la Eucaristía. Era la primera vez que se veían después de su ordenación sacerdotal. Quedaron de verse por la tarde.

Ese mismo día era la fecha establecida por el gobernador para que entrara en vigor la inicua ley. En en la parroquia de la Asunción todo transcurría normal. Eran las 6.10 de la tarde, cuando varios hombres vestidos con gabardinas militares entraron simultáneamente por las tres puertas del templo, y sin previo aviso comenzaron a disparar contra los sacerdotes. El P. Landa fue gravemente herido, el P. Rosas se libró milagrosamente, al protegerse en el púlpito y, el P. Darío, que acababa de salir del bautisterio, en donde había bautizado a un niño, cayó muerto instantáneamente, alcanzando a exclamar: “¡Jesús!”. Murió a los 23 años de edad y 2 meses de sacerdocio.

Restos Angel DarioCelebracion fiesta Angel DarioCamisa ensangrentada del P Acosta

 

  BEATO P. ANDRÉS SOLÁ MOLIST C.M.F. MÁRTIR

P Andres Sola

Sacerdote profeso de la Congregación de Misioneros Hijos del Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María (Claretianos). Nació el 7 de Octubre de 1895 en Taradell, de la provincia de Barcelona España, Diócesis de Vich.

Sus padres se llamaban Buenaventura Solá Comas y Antonia Molist Benet. Los Solá Molist tuvieron once hijos, Andrés fue el tercero.

Durante la predicación de un misionero claretiano a Andrés y a su hermano Santiago les llamó la atención aquel misionero. Ambos ingresaron en el seminario que los claretianos tienen en Vich. Andrés en 1908. Se destacó en obtener las máximas notas en conducta, y progresivamente, fue avanzando en los estudios hasta conseguir calificaciones también máximas.

El P. Solá llegó a la Ciudad de México el 28 de agosto de 1923. Ejerció su ministerio en el seminario menor claretiano de Toluca y como predicador. Fue enviado a León en 1924, con el cargo específico de predicador.

Cuando las leyes del gobierno sólo permitían ejercer el ministerio a sacerdotes mexicanos, él decidió ejercer ocultamente su apostolado en casas de amigos. No quiso retirarse de México mientras pudiera ejercer fielmente el ministerio que sus superiores le habían encomendado, pues no debía dejar sin pastor a su grey.

El P. Andrés Solá y el P. José Trinidad Rangel, se encontraban escondidos en casa de las señoritas Josefa Alba y su sobrina Jovita. Allí, habían dispuesto un lugar que hiciera las veces de oratorio en donde podía celebrar la misa, hacer oración y confesar a las personas. Diariamente asistía a misa un señor  llamado Leonardo Pérez Larios, fervoroso cristiano que hacía las veces de sacristán.

Después de dos años de ministerio, en León, el P. Andrés fue capturado y apresado el domingo 24 de abril de 1927, después de organizar una Hora Santa en la casa de las Alba. Los agentes de policía entraron a la casa, al verlo no pensaron que fuera sacerdote, sólo cuando revisaron su dormitorio y encontraron la fotografía en la que él daba la primera comunión a una niña se dieron cuenta que aquel hombre era sacerdote. Lo interrogaron y él no negó ser sacerdote. Fue conducido, junto con las dos Srtas. Alba y el Sr. Pérez Larios a la comandancia militar.

Fue y trasladado por los militares al rancho de San Joaquín, cerca de Lagos de Moreno, Jalisco, en compañía del P. José Trinidad Rangel y del señor Leonardo Pérez Larios. Aquel 25 de abril de 1927, sin juicio alguno, fueron asesinados.

 

 Martires de San JoaquinP Andres con Virgen

 

BEATO EZEQUIEL HUERTA GUTIÉRREZ, LAICO, MÁRTIR

Ezequiel H

Nació en Magdalena, Jalisco, el 7 de enero de 1876. Fue el segundo hijo de Isaac Huerta Tomé y de Florencia Gutiérrez Oliva.

Los Huerta llegaron a Guadalajara hacia 1884; se avecinaron en el barrio del Santuario. José del Refugio, el hijo mayor, y Eduardo, ingresaron al Seminario Conciliar.

Ezequiel fue un buen hijo, piadoso y centrado, gustaba de la ópera. Se adiestró en canto, recibió formación musical y dirección coral. Tenía voz de tenor dramático, cantaba y tocaba en las iglesias.

Se casó con María Eugenia García, el 17 de septiembre de 1904. En el lapso de veintitrés años nacieron diez hijos, recibidos con amor y educados con esmero.

Perteneció a la Tercera Orden de Penitencia de san Francisco de Asís y a la Adoración Nocturna. Organizó su vida en torno a la Eucaristía. Muy temprano participaba en la Misa primera, haciéndose siempre acompañar por uno o más de sus hijos; recibía con particular devoción el cuerpo de Cristo.

El 31 de julio de 1926, el culto público fue suspendido. Los dos hermanos sacerdotes de Ezequiel debieron ejercer su ministerio en la clandestinidad y él mismo perder su trabajo.

Sus hijos mayores, Manuel y José de Jesús, activos miembros de la Unión Popular, se incorporaron a la resistencia activa que promovía, desde la capital de la República, la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa.

El 1º de abril de 1927, la ciudad de Guadalajara amaneció con la triste nueva de la aprehensión, tormento y muerte de Anacleto González Flores, Luis Padilla, Jorge y Ramón Vargas González.

Ezequiel, apoyado por su hermano Salvador, decidió enviar al extranjero a su hijo Manuel, disponiendo la salida del joven la madrugada del día siguiente.

Los hermanos Huerta Gutiérrez acudieron la noche del 1º de abril a las capillas ardientes donde eran velados los mártires.

En la mañana del día siguiente, como a las 8:00 horas, llegó a su hogar. Le pidió a su esposa, María Eugenia, que visitara el lugar donde era velado Anacleto; entre tanto, él cuidaría de los niños. Una hora después se introdujeron en la casa cinco hombres pistola en mano. Sorprendido, Ezequiel exigió una razón suficiente para justificar tamaño proceder; la respuesta de los invasores fue amagarle y proceder al cateo de la vivienda, destruyendo y robando a discreción, en medio del azoro de los niños.

Fue detenido. Junto con él fue igualmente hecho prisionero el joven seminarista, Juan Bernal, quien accidentalmente había llegado al domicilio poco antes.

En las estrechísimas celdas de la Inspección de Policía, se encontraron Ezequiel y su hermano Salvador; se les acusó sin materia para ello, de fabricar municiones para los cristeros.

El sargento Felipe Vázquez ordenó la aplicación del tormento común: suspender a los prisioneros de los dedos pulgares y azotarles las espaldas. Pretendía que confesaran, entre otras cosas, el sitio donde se ocultaban sus hermanos sacerdotes José Refugio y Eduardo.

Los labios de Ezequiel entonan como respuesta a las preguntas de sus victimarios, el himno eucarístico: Que viva mi Cristo/ que viva mi Rey/… A golpes, hasta dejarlo inconsciente, lo callaron. La inerme víctima, es devuelta a la celda, donde lo recibe el azorado Juan Bernal. Al recuperar el conocimiento, reza: “Señor, ten piedad de nosotros…”. Sabe que su muerte es inminente y se prepara a ella. Su última providencia es en favor de su familia: “dígale a mi esposa -dice a Bernal- que en la bolsa secreta de mi pantalón, tapada con el fajo, traigo una moneda de oro que es lo único que no me quitaron”.

Ezequiel y Salvador son trasladados al cementerio de Mezquitán. En un extremo de ese lugar aguarda un piquete de soldados, frente a los cuales son colocados. Salvador  dice a su hermano: “Los perdonamos ¿verdad?” “Los perdonamos”, responde Ezequiel. El primero en morir fue Ezequiel, acto continuo lo siguió su hermano.

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BEATOS JORGE Y RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ, LAICOS  

Beato Jorge VargasJorge fue el quinto de la familia, nació el 28 de septiembre de 1899. Fue un poco reservado, pero cordial, piadoso y servicial. Formó parte de un grupo parroquial llamado “los luises”. Le gustaba el beisbol.

 Ramón nació el 22 de enero de 1905, siendo el séptimo de la familia. Se distinguió por ser de carácter Ramon Vargasalegre y dócil: era tranquilo y optimista. Dedicado en sus estudios y responsable en sus tareas. Poseía una delicada inclinación a la caridad, le gustaba socorrer a los pobres. Sus hermanos le apodaron “Colorado”, porque era pelirrojo.

 En 1914, la familia Vargas se trasladó a Guadalajara. Jorge terminó sus estudios de preparatoria y se puso a trabajar en la Compañía Hidroeléctrica. Le gustaba ir de caza; tuvo novia; era cordial con todos y fiel en su trabajo. Ni su trabajo ni las demás actividades, le impidieron ser miembro de la Acción Católica y preocuparse de su vida espiritual.

Por su parte, Ramón ingresó a la Escuela de Medicina. Fue buen compañero y se ganó el aprecio de sus profesores. Sobresalió en sus estudios. Fue miembro activo de la Acción Católica; recibió asiduamente los sacramentos, hacía su oración personal.

La situación de Jalisco, en particular, y del país, en general, durante la juventud de Jorge y Ramón, fue tensa entre el Estado y la Iglesia. El primero quería imponer, como fuera, las leyes anticatólicas de la Constitución Política del país; por su parte, la Iglesia no estaba dispuesta a aceptar dichas leyes, ya que atentaban contra los derechos y los principios morales de la gran mayoría del pueblo.

Estando el presidente Elías Calles en el poder, a finales de julio de 1926, el callismo había decretado la restricción de cultos, los templos estaban cerrados, los sacerdotes se ocultaron en casas para administrar los sacramentos. La familia Vargas acogió a sacerdotes y laicos perseguidos, a pesar del riesgo de ser arrestados o asesinados.

En dos ocasiones estuvo escondido con los Vargas, el líder católico Anacleto González Flores, pues era buscado por el Gobierno. La madrugada del 1º de abril de 1927, los federales rodearon la casa de los Vargas, golpearon fuertemente la puerta y entraron sin más. Detuvieron a Anacleto y a toda la familia. A las mujeres se las llevaron a la Inspección de policía en un auto, y a los hombres al cuartel Colorado.

En el cuartel encierran en la misma celda a José, Florentino y Ramón Vargas, a Anacleto lo llevaron aparte. En aquella situación los hermanos no dejaban de platicar. Ninguno imaginó que eran las últimas horas de su vida. Jorge vio que en la celda de enfrente estaba Luis Padilla, y con ingenuidad, sacó un brazo por la ventanilla y dijo a Luis: “Luis, Luis, nos van a pum…pum”. Ramón intervino y le reprendió: “No, para qué lo estás mortificando; déjalo, no le digas nada”. “Tienes razón, además, es viernes primero, no nos hemos confesado y si nos matan…” repuso el interpelado. “Si morimos, nuestra sangre lavará nuestras culpas”. “De veras”, afirmó Ramón. Florentino escuchaba en silencio a sus hermanos. Ramón sintió hambre y se atrevió a pedir algo de comer y le llevaron una torta de frijoles con queso.

La hora del martirio ha llegado, los hermanos permanecen unidos, hasta que, algo inesperado sucede. Llegan los soldados a la celda, abren la puerta y Florentino pregunta al soldado: “Oye, ¿nos matarán?” Éste responde: ”No, ¡qué va!, ustedes están demasiado jóvenes; no harán eso”.  Llega otro soldado y dice: “Levántese de entre estos el más chico. Ramón, que era el menor, dice: “Éste es el más joven. Levántate tú Narciso (así le decía a Florentino, de cariño). Así, sin pensar qué pasaría, Jorge y Ramón son sacados de la celda, mientras Florentino permaneció allí, solo.

De la celda de enfrente sacaron a Anacleto y Luis Padilla. A los cuatro los llevaron al paredón. Cuatro Mártires recibieron la palma del martirio aquel viernes 1º de abril de 1927. Murieron en fidelidad a su fe, su último grito de combate fue, ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!

 

 Familia Vargas GFachada de la casa
Casa, interiorCuartel ColoradoReliquias, Ahualulco

 

BEATO JOSÉ SÁNCHEZ DEL RÍO, LAICO. MÁRTIR

Jose 1Nació el 28 de marzo de 1913 en Sahuayo, Mich. Al estallar la cristiada sus dos hermanos mayores, Macario y Miguel, se alistaron en las filas de defensa de la libertad religiosa. Quiso acompañar a sus hermanos pero sus padres se opusieron por su corta edad, aún no cumplía 14 años.

José insistía en su deseo y dijo a su madre: “Mamá, nunca como ahora es tan fácil ganarnos el cielo”. Tenía en mente dar su vida por Cristo.

Escribió al General cristero de la región de Sahuayo para ser aceptado, pero éste no lo aceptó su corta edad. El muchacho, entonces, acompañado de otro jovencito, J. Trinidad Flores Espinosa, fue a ver al General Mendoza, de Cotija, éste los admitió y los puso a las órdenes del jefe cristero Rubén Guízar Morfín como ayudantes, más no como combatientes.

En un enfrentamiento que tuvieron las tropas cristeras con las federales del Gral. Tranquilino Mendoza, el 6 de febrero de 1928, cerca de Cotija, los federales mataron el caballo del Guízar Morfín; José, bajándose rápidamente del suyo, en un acto heroico se lo ofreció diciéndole: “Mi general, tome usted mi caballo y sálvese, usted es más necesario y hace más falta a la causa que yo”. El Gral. Guízar Morfín pudo escapar, pero José y otros más fueron hechos prisioneros.

El Gral. Guerrero reprendió duramente a José por combatir contra el Gobierno. Para darle un oportunidad le ofreció alistarlo en sus filas y así salvaría su vida, a lo que el muchacho respondió: “¡Primero muerto! Yo soy su enemigo, ¡fusíleme!”. Fue encerrado en el calabozo, allí escribió:

«Cotija, lunes 6 de febrero de 1928. Mi querida mamá: Fui hecho prisionero en combate este día. Creo en los momentos actuales voy a morir, pero nada importa, mamá. Resígnate a la voluntad de Dios, yo muero muy contento, porque muero en la raya al lado de Nuestro Señor. No te apures por mi muerte, que es lo que me mortifica; antes, diles a mis otros hermanos que sigan el ejemplo del más chico y tú has la voluntad de Dios. Ten valor y mándame la bendición juntamente con la de mi padre. Salúdame a todos por la última vez y tú recibe por último el corazón de tu hijo que tanto te quiere y verte antes de morir deseaba. José Sánchez del Río».

Al día siguiente, martes 7 de febrero, los dos prisioneros fueron trasladados de Cotija a Sahuayo y puestos a disposición del diputado federal Rafael Picazo Sánchez, a quien comunicaron la sentencia que sobre ellos pesaba de pasarlos por las armas. Se les asignó como cárcel la Parroquia de Santiago Apóstol, tomada como cuartel por los soldados.

El diputado Picazo le comunicó a don Macario la noticia de la detención de su hijo José y que le perdonarían la vida a cambio de entregar la cantidad de cinco mil pesos-oro. El afligido padre de inmediato viajó a Guadalajara con la intención de hacer todo lo que fuera posible por salvar la vida de su hijo.

José contempló con gran pena y honda tristeza el estado lamentable en que se encontraba la parroquia en poder del Gobierno. Ahí se verificaba todo tipo de desórdenes y libertinajes de la soldadesca, además servía de albergue al caballo del diputado Picazo y el presbiterio era el corral de sus finos gallos de pelea que los tenía amarrados al manifestador.

El 10 de febrero, cerca de las seis de la tarde, sacaron a José de la parroquia y lo trasladaron al Mesón del Refugio, ahí le anunciaron la cercanía de su muerte. De inmediato José pidió papel y tinta para escribir a su tía María.

Y por fin llegó la hora del martirio. Cerca de las once de la noche le desollaron los pies con un cuchillo, lo sacaron del mesón y lo obligaron caminar a golpes por la calle hacia el cementerio municipal. Los verdugos querían hacerlo apostatar a fuerza de crueldad inhumana, pero no lo lograron. Sus labios sólo se abrieron para gritar vivas a Cristo Rey y a Santa María de Guadalupe.

Ya en el panteón, viendo su fe y fortaleza que no se amilanaba ante el tormento, el jefe de la escolta que presidía la ejecución ordenó a los soldados que apuñalaran el delgado cuerpo del adolescente para evitar que se escucharan los disparos en el pueblo. A cada puñalada José gritaba con más fuerza: “¡Viva Cristo Rey!”.

Luego el jefe de la escolta dirigiéndose a la víctima le preguntó por crueldad si quería enviarle algún mensaje a su padre. A lo que José respondió indoblegable: “¡Que nos veremos en el cielo! ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!”. En ese mismo momento para acallar aquellos gritos que lo enfurecían, él mismo sacó su pistola y le disparó en la cabeza. José cayó bañado en sangre. Eran las once y media de la noche del viernes 10 de febrero de 1928. Su cuerpo quedó sepultado sin ataúd y sin mortaja.

 

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BEATO LEONARDO PÉREZ LARIOS, LAICO. MÁRTIR

 Este Mártir nació en Lagos de Moreno, Jalisco, el 28 de noviembre de 1883, siendo el octavo de once hermanos.Leonardo 1

De Lagos, los Pérez Larios se trasladaron a trabajar a un rancho de su propiedad conocido como El Saucillo. Leonardo y sus hermanos participaban con devoción y constancia en la santa misa, se acercaban a la confesión y rezaban el rosario en casa. Poco después la familia regresó a Lagos de Moreno. De Lagos se trasladaron a León, Gto., allí los hermanos Manuel, Leonardo y Alfonso trabajaron en los almacenes de ropa La Primavera, donde se ganaron la confianza de sus patrones.

En su juventud pensó en casarse, pero los papá de su novia se opusieron terminantemente; él lo considero como un signo de la voluntad de Dios y pensó en la vida religiosa, pero creyó más oportuno animar a ello a su hermano Alfonso, y él dedicarse al sustento de sus hermanas. Fue miembro de la Congregación de María Inmaculada.

A partir del 1 de agosto de 1926, todos los templos de la República Mexicana amanecieron cerrados al culto público, esto por decreto de los Obispos como medida de protesta por las leyes anticlericales que había decretado el entonces presidente de México Plutarco Elías Calles. Los sacerdotes celebraran la misa y administraban los sacramentos a escondidas porque eran perseguidos por orden del gobierno.

Leonardo asistía a Misa en la casa de las Srtas. Alba, pues habían acogido a dos sacerdotes, al español Andrés Solá y al joven padre Rangel.

El 22 de abril de 1927, fue detenido, en San Francisco del Rincón, el P: Rangel, y trasladado a León. Al enterarse el P. Andrés Sola de la detención del P. Rangel, organizó una Hora Santa, por la liberación del sacerdote. Leonardo estuvo allí, y continuó un tiempo más en oración.

Al medio día, llegaron a la casa de las Srtas. Alba diez soldados, detuvieron a los que se encontraban en el lugar. Los soldados descubrieron en el oratorio a Leonardo que estaba rezando, lo tomaron del brazo, y como vestía de negro y estaba en actitud piadosa, creyeron que era sacerdote. Junto con todos los que encontraban en la casa lo llevaron al seminario que les servía de cuartel.

Manuel Pérez, hermano de Leonardo, en vano intentaba liberarlo aclarándole al General que su hermano no era sacerdote. El P. Solá y las personas que estaban en la casa de las Alba, ya habían dicho a los soldados que Leonardo no era sacerdote, pero los éstos no lo creyeron.

Luego de un juicio injusto, entre las ocho y nueve de la noche, los padres Solá y Rangel, y el Sr. Pérez Larios, junto con Santiago Romo, Leodegario Marín y Salvador de León, fueron llevados a la estación de ferrocarril de León en un camión de basura. De allí partieron rumbo a Lagos, con una compañía de cincuenta soldados. En el camino tuvieron la oportunidad de platicar, de confesarse todos y de rezar. Al llegar a la estación de Santa María, Leonardo dijo a José Santiago Romo: “Si nos sueltan aquí, ¿vamos a visitar a Nuestra Señora de San Juan?”, el compañero respondió afirmativamente.

Llegando al kilómetro 491 se detuvo el tren, los soldados bajaron a los dos sacerdotes y a Leonardo, los tres jóvenes que iban con ellos quedaron en el tren. Los llevaron a donde estaba el chapopote derramado tras el descarrilamiento del tren del general Amarillas. Allí, los soldados formaron cuadro y les dispararon por la espalda. El P. Solá y Leonardo cayeron en el chapopote, el P. Rangel cayó sobre la tierra, poniéndose una mano en la cara; el P. Solá rodó hacia abajo, por dos veces hizo el intento de levantarse pero no lo logró; luego se oyeron tres tiros de gracia.

 

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BEATO JOSÉ TRINIDAD RANGEL MONTAÑO, PBRO. MÁRTIR

Imagen1Fue el tercero de trece hermanos, hijo de José Eduviges y María Higinia, nació el 4 de junio 1887 en el rancho El Durazno, de la Ciudad de Dolores Hidalgo, Guanajuato. Durante su infancia y adolescencia estudió y ayudó a su padre en la labor del campo.

Fue un joven que tendía a la introversión y el escrúpulo. Sin embargo, a pesar de esos límites, José Trinidad se muestró un joven en cierto sentido piadoso y excepcional. Recibió la Ordenación Sacerdotal en el año 1919.

Desde niño fue sencillo y humilde, de sacerdote continuó siéndolo, vivió en la austeridad que prescindía de todo gasto superfluo o en exceso. Vestió con sencillez. En su mesa nunca hubo vinos o comilonas. Fue caritativo con los pobres; hombre de fe y de esperanza. Se distinguió en la virtud de la pureza.

En tiempo de la persecución religiosa, buscó refugio en la casa de las Srtas. Alba, quienes habían hospedado al P. Andrés Solá, para que pudiera continuar, ocultamente, administrando los sacramentos. Para el P. José Trinidad fue un alivio el tener el apoyo de otro sacerdote, ya que buscaba confesarse con frecuencia.

El 11 de abril de 1927, Lunes Santo,  atendiendo a un mandato del Sr. Obispo D. Eugenio Oláez, viajó a San Francisco del Rincón para celebrar los oficios de la Semana Santa a las Religiosas Mínimas y renovar el Santísimo Sacramento.

En San Francisco del Rincón se hospedó en casa de la Srta. María Muñoz y de sus sobrinas. El día 22 de abril, Viernes de la Octava de Pascua, un grupo de soldados federales se introdujo a la casa en donde él se resguardaba, para inspeccionarla. Lo aprehendieron y lo trasladaron el mismo día al Seminario de León, convertido en aquel tiempo en Comandancia Militar. El general Daniel Sánchez lo maltrató, se mofó groseramente de él y le cargó de falsas acusaciones.

El 24 de abril, en un camión recolector de basura fue llevado prisionero a la estación del ferrocarril de León juntamente con los que serían sus compañeros de martirio. En la estación les hicieron subir al tren número 7, en la góndola de la escolta, junto con cinco soldados. Así fueron hasta Lagos de Moreno, Jalisco. A las cuatro de la mañana del día 25 de abril de 1927 el tren llegó a Encarnación de Díaz. El tren se detuvo en el kilómetro 491, allí los tres Mártires fueron obligados a bajar del tren en compañía de 10 soldados. Los condujeron a unos cincuenta metros, donde se encontraba un charco de chapopote; lo hicieron caer al suelo y le dieron el tiro de gracia. El P. Rangel murió en el acto. Tenía 8 años de sacerdote y 32 de edad.

 

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BEATO LUIS MAGAÑA SERVÍN, LAICO. MÁRTIR

 Nació en Arandas, Jalisco, -municipio de firme religiosidad-, el 24 de agosto de 1902. Fue el primero de tres hermanos –Luis,1 Delfino y José Soledad-, engendrados por los esposos Raimundo Magaña Zúñiga y Mª Concepción Servín.

Los niños en Arandas pasaban la vida entre la casa, la escuela y el templo. Todos en la familia Magaña Servín se levantaban temprano; a las cinco de la mañana, papás e hijos iban a misa a la parroquia; solían comulgar a diario. Por las tardes, los niños ayudaban en el trabajo de la curtiduría. Muy pronto Luis llegó a estar al frente de la curtiduría.

En cuanto se fundó en Arandas la Asociación Católica de la Juventud Mexica­na, se afilió a ella, adquiriendo los conocimientos básicos sobre doctrina social católica. Fue uno de los socios fundadores más comprometidos.

En 1924 quedó inscrito como socio activo fundador de la Archicofradía de la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento, de la que será miembro asiduo y piadoso. Su gran amor a Jesús Eucaristía le daba la fuerza para vivir fielmente su fe.

Tuvo Luis una sola novia, con la que se casó, se llamaba Elvira Camarena Méndez. La boda se realizó el 6 de enero de 1926, en la parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe. Ella tenía 18 años y él 24.

En medio de las preocupaciones, tiempos de angustia y persecución, el 11 de abril de 1927, nació su hijo primogénito, Gilberto. Para Luis fue el comienzo de una nueva etapa en su vida familiar. Aquel niño llenó de alegría su vida. El testimonio que dan de él los que lo conocieron dicen que fue un buen padre y un esposo siempre atento con su esposa, la amaba mucho y estaba al pendiente que nada les faltara a ella y a su pequeño.

Su convicción pacifista, su esposa embarazada, su pequeño hijo y sus padres, junto, a los cuales ha establecido su domicilio conyugal, lo inhiben a sumarse a las filas armadas, pero no le impiden, en cambio, ayudar con su oración y sus bienes a los católicos de la resistencia activa. Asesorado por el párroco J. de Alba, logró organizar muy bien la ayuda coordinando todo a través de un mensajero de confianza, un panadero a quien le decían “Pancho la Muerte”.

En febrero de 1928, un grupo de soldados federales al mando del general Zenón Martínez ocupó la plaza de Arandas, posesionándose de la iglesia parroquial y del curato, donde se instaló el Centro de Operaciones. El militar tuvo informes de algunos católicos de la población solidarios con la resistencia y se propuso escar­mentar en uno a todos; eligió pues dos nombres, José Refugio Aranda, llamado “Pancho la Muerte”,  y Luis Magaña Servín.

Al mediodía del 9 de febrero de 1928, los emisarios de Martínez llegaron al domicilio de Luis pero no dieron con él, para no irse con las manos vacías, hicieron prisionero a Delfino, el hermano de Luis. Dejaron claro que si Luis no se presentaba ese mismo día en la comisaría, su hermano sería fusilado.

Luis, al enterarse de lo ocurrido, se vistió con su mejor traje, se sentó a la mesa y quiso comer con toda la familia reunida. Al terminar, se levantó, se puso de rodillas delante de sus padres y les pidió la bendición. Animó a todos diciéndoles que pronto volvería y les dio un fuerte abrazo; estrechó a su pecho y besó al pequeño Gilberto; con otro fuerte abrazo se despidió de su esposa Elvira, que sollozaba. Salió de su casa camino de su martirio. Se presentó ante los soldados y preguntó por el general Martínez. Un oficial lo condujo al hotel Centenario donde se hospedaba el General.

Luis pidió al general Martínez la libertad de su hermano a cambio de la suya. El militar aceptó el trato, y sin mayores trámites, como si se sentenciara a un peligroso delincuente, ordenó se formara en el atrio de la iglesia el cuadro para ejecutar a los dos prisioneros, José Refugio Aranda y a Luis Magaña Servín.

Eran las tres y media de la tarde. A Luis le ataron las manos, pero no quiso ser vendado. Hizo uso de la palabra en los siguientes términos: “Yo no he sido nunca ni cristero ni rebelde, como ustedes me acusan. Pero si de cristiano me acusan, sí lo soy, y por eso estoy aquí para ser ejecutado. Soldados que me van a fusilar, quiero decirles que desde este momento quedan perdonados y les prometo que al llegar ante la presencia de Dios serán los primeros por los que yo pida. ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva Santa María de Guadalupe!”.

Sus palabras fueron interrumpidas por la descarga de los fusiles. La fuerte detonación estremeció el silencio trágico de esa tarde.

Poco después, su padre trasladó los restos a su casa, donde los vecinos acudieron en masa, tocando con veneración y respeto los despojos mortales. Al día siguiente se le sepultó en el cementerio municipal.

Cinco meses después de su muerte, nació su hija póstuma, la bautizaron con el nombre de María Luisa en memoria de su padre.

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BEATO LUIS PADILLA GÓMEZ, LAICO

Luis jovenNació en Guadalajara, Jalisco, el 9 de diciembre de 1899. Fue bautizado con el nombre de José Dionisio Luis.  Recibió una esmerada educación en el seno de una familia distinguida y cristiana. Fue el menor de la familia, su hermano mayor tenía 18 años cuando él nació, y su hermana menor 8. Creció entre los mimos y cuidados de toda la familia. Recibió una esmerada educación en colegios privados. Su infancia y adolescencia fueron serenas y cuidadas. Su padre murió cuando él era chico. Fue un niño piadoso, sentía atractivo por la vida cristiana, incluso se despertó en él el deseo de ser sacerdote.

A los 16 años, en 1915, entró en la Congregación Mariana y un año más tarde en la ACJM. Después de haber hecho unos ejercicios ignacianos en León, Gto., y habiéndole parecido escuchar el llamado al sacerdocio, en 1917 ingresó al seminario conciliar de Guadalajara, donde destacó por su conducta intachable y la pureza de sus costumbres; abandonó la institución en 1921 para aclarar ciertas dudas vocacionales.

Una vez fuera del seminario, se integró a su familia. Cultivó siempre un amor afectuoso a los suyos. En su casa tenía un oratorio  dedicado a la Virgen de Guadalupe. Iba a misa diariamente y comulgaba; tenía un gran amor a la Eucaristía. Se dio de alta como profesor, impartió clases sin retribución alguna a niños y jóvenes pobres. Solía visitar a los enfermos y dedicarse al estudio.

Al estallar la persecución del Estado contra la Iglesia Católica, Luis se afilió a la Unión Popular para trabajar a través de medios pacíficos en la defensa de la religión. En repetidas ocasiones expresó su deseo de seguir a Jesús hasta el dolor, el sufrimiento y la entrega total de la vida. Luis nunca tomó las armas, pero apoyó, como su amigo Anacleto, la oposición activa de los católicos en defensa de sus derechos a la libertad religiosa.

El día 1 de abril de 1927, a las dos de la mañana, fue acordonado su domicilio por un grupo de soldados del ejército federal, aprehendieron a sus habitantes, además de Luis, su anciana madre doña Mercedes y su hermana Lucita. A las mujeres se las llevaron a la Inspección General de Policía, mientras a Luis lo condujeron a la Jefatura de la Zona de Operaciones Militares y luego al Cuartel Colorado.

En el cuartel estuvo en la misma celda con su compañero de apostolado y de ideales, Anacleto González. Presintiendo su fin, Luis le expresó su deseo de confesarse sacramentalmente; Anacleto, lo confortó diciéndole: “No, hermano, ya no es hora de confesarse, sino de pedir perdón y de perdonar. Es un Padre y no un juez el que te espera. Tu misma sangre te purificará”. Ya en el paredón mientras Luis, arrodillado, ofrecía su vida a Dios con ferviente oración y perdonó a sus verdugos.

 

Luis niñoLuisLuis recuerdo muerteLuis templo reliquias

 

BEATO MATEO ELÍAS DEL SOCORRO NIEVES, PBRO. 

Se le conoció como el padre Elías o el padre Nieves. Nació el 21 de septiembre de 1882.P Nieves 2

En 1904, no obstante su escasa preparación y a su edad adulta, (22 años) consiguió ser admitido en el seminario agustiniano (Orden de San Agustín) de Yuriria, Gto.

Ordenado sacerdote en 1916, el P. Nieves ejerció su ministerio en diversas localidades del Bajío, hasta que en 1921 fue nombrado vicario parroquial de La Cañada de Caracheo, Gto., un poblado muy pobre, contaba con 3,000 habitantes.

El 1 de agosto de 1926, por la persecución religiosa, tuvo que refugiarse en una cueva. Allí celebraba la Santa Misa y administraba los demás sacramentos. Organizó en siete grupos a sus feligreses para que cada grupo asistiera a misa el día de la semana que le tocaba.

Por las noches el padre bajaba al pueblo para atender a los enfermos y ancianos que no podían subir la montaña, aprovechaba para celebrar algún matrimonio, bautizar, o dar consuelo a quien lo necesitaba.

El 9 de marzo de 1928, el P. Nieves estaba en el rancho San Pablo, casa  de la familia Sierra,  cuando llegó un grupo de soldados que se detuvo frente a la y pidieron agua. Cerca de ellos se encontraba el P. Nieves, disfrazado de ranchero, con camisa y calzón de manta blanca, ceñía una faja azul, llevaba sobre los hombros un gabán de colores y le cubría la cabeza un ancho sombrero. Aquellos soldados estaban en busca de unos ladrones de ganado.

Mientras soldados bebían el agua, el mayor Rodríguez miró de arriba abajo al P. Nieves, descubriendo que debajo del pantalón blanco se asomaba la orla del pantalón negro que llevaba debajo. Comprendió que se encontraba frente a un sacerdote disfrazado de ranchero, y luego de interrogarlo lo detuvo.

El P. Nieves y los hermanos Sierra fueron trasladados a Cortazar, allí, Don Toribio Martínez, vecino principal del pueblo, por atención al padre, les ofreció hospedaje en su casa.  Don Toribio, el anfitrión, aprovechó un momento en que los jefes estaban solos para ofrecer de rescate 1,000 pesos. Rodríguez estaba de acuerdo, Márquez no. Se produjo un discusión violenta entre ambos, al grado que don Toribio y el padre Nieves intervinieron para calmar los ánimos.

El mayor Rodríguez se fue esa misma noche con el teniente Díaz y tres soldados, dejando así toda la responsabilidad a Márquez.

En el momento del desayuno, el capitán se dirigió a don Toribio y le dijo que, si le entregaba 3,000 pesos liberaba a su “curita”. El padre Nieves hizo señas a don Toribio de que no aceptara; don Toribio regateó diciendo que lo más que podría conseguir entre sus parientes y conocidos serían 2,000 pesos. El P. Nieves hizo la seña a Toribio de que huyera y éste se fue.

El padre suplicó al capitán que dejara en libertad a los hermanos Sierra. Ellos dijeron al padre que estarían con él hasta el fin y que solamente aceptarían la libertad si a él se la daban. Se dirigieron al capitán y le dijeron que aceptara sus vidas a cambio de la del padre. El capitán no respondió.

El militar ordenó el fusilamiento de los hermanos Sierra y del padre. José Dolores cayó muerto de un infarto, Jesús fue fusilado, sus últimas palabras fueron: “¡Viva Cristo Rey!. El P. Nieves pidió morir en otro lugar, señaló a los soldados un mezquite. Se arrodilló para hacer oración y después exclamó:

“Capitán, estoy listo para morir por mi religión.” Repartió sus pocas pertenencias, al capitán le dio el reloj y la cobija. Después el padre dijo a los soldados: “Ahora, arrodíllense todos porque les voy a dar la bendición en señal de perdón”. Todos se arrodillaron, excepto el capitán quien, sacando su pistola dijo: “Yo no necesito bendiciones de curtas, a mí me basta mi pistola”, y disparó al sacerdote.  Al caer, el padre alcanzó a exclamar: “Dios te perdone, hijo mío. ¡Viva Cristo Rey!”. Eran las tres de la tarde del sábado 10 de marzo de 1928.

 

P NievesP Nieves placa conmemorativaFiesta P Nieves

 

BEATO MIGUEL AGUSTÍN PRO JUÁREZ, PBRO.

Miguel Pro estudianteEn el pueblo minero de Guadalupe, Zacatecas nació Miguel Agustín el 13 de enero de 1891.

Fue un jovencito muy alegre, trabajador y optimista, pero ponía toda la casa en revolución. Un día escuchó a su madre, llena de angustia, exclamar: “Oh Dios mío: convierte a este hijo mío”. Y el joven, que amaba inmensamente a la buena mamá, le dio un abrazo y le dijo: “Mamá: mi segundo nombre es Agustín, y San Agustín fue un gran convertido. Ya verás que yo también me voy a convertir”. Y desde aquel día mejoró notablemente su conducta.

La familia se trasladó al pueblo de  Concepción. Por un corto tiempo, Miguel, estuvo estudiando lejos, pero, por su enfermedad no pudo continuar sus estudios y regresó a la casa paterna. El Sr. Pro se llevó al muchacho a trabajar con él en la administración de los negocios, pero éste siguió sus estudios regularmente. Le gustaba  charlar con los mineros, esto le permitió conocer los problemas del pueblo pobre y se fue encariñando con los más necesitados.

Decidió ser sacerdote jesuita y, en 1911, su padre lo acompañó al noviciado de los jesuitas ubicado en El Llano, Michoacán, un poblado cerca de Zamora. En 1913 hizo sus votos de pobreza, castidad y obediencia, y quedó admitido como jesuita. Por aquellos días estalló una revolución en México y el papá de Agustín perdió sus bienes que pasaron a manos de los guerrilleros. El noviciado jesuita fue invadido y los religiosos tuvieron que salir huyendo, disfrazados. Miguel logró llegar a Guadalajara. Los superiores lo enviaron a Estados Unidos y después a España.

Aprovechando sus cualidades naturales, Miguel hace de payaso, actor, equilibrista, y caricaturista, y así distrae mucho a los demás compañeros seminaristas y hasta a los superiores. Llegó la terrible gripa asiática en 1917, que llevó al sepulcro a miles y miles de personas, y entonces Miguel se fue a los salones donde yacían decenas de enfermos para distraerlos con sus representaciones cómicas.

Los jesuitas lo enviaron a Bélgica para que viera cómo trabajaban los sacerdotes con los obreros, y luego a París para que conociera los apostolados sociales de la Iglesia.

Como continuaba con el fuerte dolor de estómago, le hicieron unos estudios y, al fin descubrieron que tenía una úlcera y lo operan. En varias ocasiones estuvo hospitalizado a causa de los dolores que padecía. Tuvo tres operaciones. Finalmente, el médico que lo atendía en Hyéres, confidencialmente comunicó al compañero del P. Pro la gravedad de su caso: “Es caso desesperado. Ponga usted al tanto a sus Superiores”. Al paciente, nada se le dijo.

Los superiores del P. Pro decidieron enviarlo a México, para que muriera en su patria, pues los médicos no le daban mucho tiempo de vida, por su avanzada enfermedad.

Dada la situación persecutoria en México, el padre Pro, conociendo los peligros que podrían presentarse en el viaje de Europa a México, llegó disfrazado de comerciante y con carnet de ganadero. En la aduana no se dieron cuenta de que era sacerdote y lo dejaron entrar.

Llegando a su destino, Miguel Agustín no desaprovechó un minuto para ejercer su ministerio. Se disfrazaba de mecánico, obrero, catrín, para ir de un lado a otro a llevar la comunión, confesar, predicar ejercicios espirituales, llevar alimento a los necesitados y enfermos.

Sus grandes devociones fueron la Eucaristía, el Espíritu Santo y la Sma. Virgen. Celebraba la misa con gran devoción. Ejerció su sacerdocio sin ningún temor a las amenazas del gobierno. Llegó a dar hasta 1600 comuniones diarias. Disfrazado, viviendo en distintas casas, recorriendo la ciudad en bicicleta o en un “forcito”, organizó el sustento para casi 100 familias desamparadas por las venganzas políticas y el odio religioso de Plutarco Calles. Predicó retiros, casó, bautizó, convirtió comunistas, anarquistas, dio cientos de extremaunciones… Sostuvo vocaciones vacilantes, organizó un sistema monetario de vales para canjear entre los católicos y hasta colocó más de una treintena de huérfanos entre familias adoptivas.

A pesar de su ingenio sin límites para pasar desapercibido ante las barbas de la policía, finalmente fue detenido y acusado de participación en un ataque dinamitero contra el general Obregón, padrino político y sucesor “electo” de Calles. Junto con sus hermanos Humberto y Roberto se habían escondido, temiendo ser imputados en un hecho del que nadie sabía nada, porque fue decidido por dos dirigentes de la resistencia armada (en la que no participaban los Pro) y luego comunicado a otros dos para tareas auxiliares.

El responsable del intento de tiranicidio, Luis Segura Vilches, se entregó bajo promesa de que liberarían a los hermanos Pro, exculpándolos en su declaración. Sin embargo, él, su cómplice y los dos hermanos Pro fueron fusilados bajo un mismo cargo. Roberto quedó en libertad gracias a los buenos oficios del embajador argentino, que trató de salvar a los tres Pro, presionando al gobierno de Plutarco Elías Calles, quien habría -no se sabe con certeza- prometido liberarlos sin intención de cumplir. De modo que Miguel y Humberto Pro fueron asesinados por odio a la Fe.  Al P. Pro antes de ser fusilado le dijeron que expusiera su último deseo: “Quiero que me dejen unos momentos para rezar y encomendarme al Señor”. Y en el momento en el que le iban a disparar extendió sus brazos en cruz y gritó: “¡Viva Cristo Rey!”. Era el 23 de noviembre de 1927.

 

 

 

Miguel Pro tocando guitarraMiguel Pro y familiaMiguel Pro fusilamientoMiguel Pro fusilamiento2Miguel Pro muerto Humberto Pro fusilamiento

 

BEATO MIGUEL GÓMEZ LOZA, LAICO

Miguel nació en Paredones, Jalisco, hoy El Refugio, el 11 de agosto de 1888. Perdió a su padre siendo niño, haciéndose cargo Migueldel hogar la madre. Por el amor que profesaron a su madre, él y su hermano Elías decidieron invertir sus apellidos, de Loza Gómez en Gómez Loza.

Era de temperamento apasionado y decidido, afable y bondadoso; íntegro en todas sus acciones y amante de la verdad, con un gran don de liderazgo.

Trabajó en bien de su pueblo: fundó la caja rural La Refugiana, para la promoción de casa para los trabajadores. También una sociedad cooperativa de consumo, una botica cooperativa y algunos círculos de estudio.

Se ordenó sacerdote su hermano Elías en 1913, y fue enviado como vicario parroquial a El Refugio. Miguel se fue a estudiar a Guadalajara. Se integró al grupo estudiantil de La Gironda, asumiendo, por elección y gusto, la condición de asistente de Anacleto González Flores. Eran temperamentos muy diversos, por ello mutuamente se complementaron. En ese año, uno y otro fueron admitidos como socios de la Congregación Mariana del Santuario de San José de Gracia.

Su campo de acción fue el sindicalismo cristiano: creó una bolsa de trabajo, cajas de ahorro, cooperativas de consumo y el círculo de estudios para obreros, León XIII.

Participó como socio fundador de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana. En el año de 1917, fundó los círculos obreros: para jóvenes operarios, para aprendices de artesanos y para tipógrafos. También hizo su aparición la Sociedad Mutualis­ta Obrera, que él promovió.

En las elecciones para elegir autoridades locales del Estado, en julio de 1921, contendió como candidato independiente a uno de los puestos de elección popular. Su contrincante fue un caricaturista anticlerical, José Guadalupe Zuno, quien tuvo que recurrir a la fuerza para arrebatar los votos que el pueblo emitía en favor de Gómez Loza.

En 1922 presentó el examen final en la escuela de jurisprudencia del Estado, obteniendo la aprobación de los jueces sinodales. Poco después abrió su despacho profesional.

A finales de 1922, contrajo nupcias con Mª Guadalupe Sánchez Barragán. Los nuevos esposos determinaron radicar en Arandas, Jal. El 1º de marzo de ese año, José Guadalupe Zuno, su adversario político, fue investido como Gobernador del Estado de Jalisco, lo que dificultó hasta lo imposible la obtención del título profesional solicitado por Gómez Loza.

Retornó a Guadalajara. En este período de su vida, ingresó a la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento. En medio de tantos conflictos y actividades, fueron naciendo sus 3 hijas.

El 20 de diciembre de 1926, murió su hermano Elías, en Paredones. Después del sepelio, regresó a Guadalajara donde se enteró de las novedades: Anacleto González Flores, reacio hasta el último momento a elegir la resistencia armada como vía de solución al conflicto, accedió como mal menor a retirar la prohibición a tomar las armas que pesaba sobre los socios de la Unión Popular. Gómez Loza advirtió el costo de la empresa y sus casi seguras consecuen­cias. La Liga había nombrado delegado suyo al jefe de la Unión Popular, Anacleto González Flores. A él correspondería coordinar la adminis­tración de los recursos y las estrategias de los católicos alzados en armas, mientras que a Miguel corresponderían semejantes funciones, las de jefe civil, pero en la zona de Los Altos.

Después de la muerte de Anacleto, ocurrida el 1º de abril de 1927, la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, autoridad máxima entre los católicos de la resistencia, expidió un nombramiento a favor de Miguel Gómez Loza, confiriéndole la gubernatura provisional del Estado de Jalisco para los municipios adeptos a dicha resistencia.

A mediados de junio, se estableció en La Presa de los López, del municipio de Arandas.

Al finalizar agosto, pudo encontrarse con su esposa e hijas en Los Salados, Guanajuato. Poco después, el 3 de septiembre, la Liga aumentó su responsabilidad al conferirle la administración conjunta de la parte occidental del Estado de Guanajuato.

En el mes de marzo de 1928, se estableció en una ranchería próxima a Atotonilco, El Lindero. El 21 de marzo, una avanzada militar, aprovechando el descuido o la complicidad del centinela, se apostó en torno a la finca ocupada por Gómez Loza y su secretario, el señor Dionisio Vázquez. Cuando se advirtió la presencia de los adversarios era demasiado tarde para escapar. Gómez Loza y Dionisio Vázquez emprendieron la huida; el primero, portador de documentos relativos a la resistencia activa de los católicos, intentó destruirlos antes de recibir por el pecho y por la espalda los disparos de sendos francotiradores apostados en lugares estratégicos.

Consumada la muerte, el cadáver fue trasladado a Atotonilco, de donde fue conducido a Guadalajara. Allí, una multitud recibió el cuerpo mortal de Miguel, considerándolo un mártir.

 

 

 Miguel esposa e hijasMiguel y compañeros girondinosMiguel hija mayorMiguel y Anacleto condecorados

 

BEATO SALVADOR HUERTA GUTIÉRREZ, LAICO

Salvador bodaNació en Magdalena, Jalisco, el 17 de marzo de 1880. Fue el penúltimo de cinco hijos. Su temperamento desde niño fue singular. Afrontaba las situaciones adversas con estoicismo que incitaba a su madre a duplicar con él la disciplina. Ciertamente poseía algo del carácter de su padre, callado, ocupado todo el tiempo en sus faenas.

La familia Huerta Gutiérrez se trasladó a Guadalajara. Los hijos mayores fueron inscritos en el Seminario Conciliar y Ezequiel en clases de canto. Salvador, terminada la formación secundaria, aprendió mecánica.

Se casó con Adelina Jiménez, y, en los veinte años que duró el matrimonio, verificado el 20 de abril de 1907, tuvieron 10 hijos.

Montó un taller de mecánica automotriz. Solicitaron sus servicios por igual particulares y dependencias del gobierno. Por otra parte, no se limitó a utilizar el servicio de sus operarios, sino que los instruyó y adiestró. Eso le ganó la estima de clientes y trabajadores. Sólo una cosa no toleraba, el lenguaje blasfemo o soez.

Dedicaba el domingo a la convivencia familiar, organizando almuerzos en el campo y paseos. Gustaba de la ópera y del cine. Con su esposa, era atento y delicado; con sus hijos, cariñoso y enérgico.

Todos los días asistía a Misa y comulgaba en la capilla del Calvario. Para aumento de su devoción eucarística, el 8 de agosto de 1921 fue aceptado como socio activo de la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento. Por las tardes, se reunía con su familia para rezar el rosario, y en las fiestas litúrgicas se empeñaba en hacerlos participar en las prácticas recomendadas por la Iglesia. Tras la muerte de su madre, en 1926, que mucho lo entristeció, recogió en su hogar a su anciano padre.

Recrudeció la persecución sistemática ejercida por el poder civil en contra de la Iglesia. Como muchos padres, también, ve partir a su hijo mayor, Salvador y a sus sobrinos Manuel y José de Jesús, al frente de combate. No le parece que las armas puedan traducir la verdad del Evangelio, pero, considerándolo un mal menor y un caso de legítima defensa, tolera el medio elegido.

El 1º de abril de 1927, fusilaron a Anacleto González Flores, a Luis Padilla, y a los hermanos Jorge y Ramón Vargas.

Salvador, junto a su hermano Ezequiel, habían recibido a sus hijos que estuvieron combatiendo con los cristeros y decidieron enviarlos a Estados Unidos, pues temían por la vida de ellos.

Ambos hermanos estuvieron en el sepelio de los mártires. El día 2, Salvador se trasladó a su taller; allí llegaron, como a las nueve de la mañana algunos agentes de la Inspección General de Policía, como tenían por costumbre hacerlo, lo buscaron para “solicitarle un servicio” y lo llevaron al cuartel militar. Allí lo detuvieron sin explicaciones. Mientras tanto, la policía había invadido su casa sin ningún mandato judicial y la había cateado.

Una vez encerrado en un lúgubre calabozo del cuartel de la policía, Salvador se encontró con la inmensa sorpresa de ver que allí se encontraba preso su hermano Ezequiel. Ambos hermanos fueron torturados y fusilados en el panteón de Mezquitán el 3 de abril de 1927.

Antes de morir, Salvador pidió al velador del panteón su vela encendida, se rasgó la camisa y dirigiéndose a los soldados les dijo: “Les pongo esta vela en mi corazón para que no fallen ante este corazón que tanto ha amado a Cristo, su Rey, su Dios”. Una descarga de fusiles se oyó y Salvador cayó muerto. Después el capitán del pelotón se acercó a darle el tiro de gracia.

 

 

 

Salvador con papa hermanos y familia
Salvador rezando con su familiaSalvador tallerSalvador y trabajadores tallerSalvador y trabajadores taller2

 

 

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