Sistema de Información de la Arquidiócesis de Guadalajara

Testimonios

TESTIMONIOS SOBRE LOS BEATOS MÁRTIRES

 Introducción

“Me impresiona un pueblo que a la hora decisiva hizo una clara opción por Jesucristo, sin medir sacrificios, sin calcular las posibilidades de éxito o de fracaso, sin condicionar su fidelidad a la Iglesia, sin distinguir edad, sexo o condición social. Y vimos niños, adolescentes, adultos y viejos derramar su sangre por defender su derecho a creer, contentos de morir perdonando con tal de ir al cielo; vimos mujeres morir por Cristo, vimos hombres, campesinos, obreros, profesionistas, profesores e incluso soldados federales (ciertamente la mayoría de los perseguidores era cristiana).

 Cómo no conmoverse ante los pastores que no huyen cuando sus ovejas son amenazadas, que las asisten en medio de indecibles fatigas, cómo no sopesar la fe y la caridad de aquellos seminaristas que perseveraron en medio de grandes tribulaciones y negras perspectivas;  ellos son no la única, pero sí la más decisiva prueba que de que no buscaban el sacerdocio por intereses mezquinos, como tanto se ha insistido, sino por motivos de fe.

Es cierto que hubo diferentes tipos de cristeros, es decir, diferentes tipos de luchar por la libertad de la Iglesia: los alzados; los que apoyaban  el movimiento con la resistencia pasiva proporcionándoles armas y víveres a los grupos en armas; y los opuestos a la lucha armada. Muchos de ellos se ubicaron sucesivamente en varias de estas posturas, lo cual habla de la grave crisis de conciencia en la que no pocos se encontraban  y de la carencia de un criterio uniforme, comenzando por el episcopado; o tal vez ‘más arriba’ (…). En efecto, ni la Iglesia, ni el Estado son instituciones monolíticas, sincronizadas perfectamente donde al interior todos piensan igual y actúan en la misma dirección. Además, es explicable que sobre la marcha se modifiquen las decisiones”.

Juan Carlos González Orozco

Citado en Sangre y Corazón de un pueblo, pág. 1124, Tomo II

 

Los testimonios aquí presentados están contenidos en:

 “Actas originales del Proceso Informativo de Canonización”.

Relativos a la vida, virtudes y fama de santidad y martirio del Siervo de Dios ANACLETO GONZÁLEZ FLORES.

Los testigos oculares y/o auditivos, han hecho juramento de decir la verdad respecto a la información contenida en dichas Actas.

Además de los testigos, de algunos Mártires presentamos fragmentos de cartas o diario personal.

 

BEATO ANACLETO GONZÁLEZ FLORES, LAICO, MÁRTIR

“La lista de estos Beatos está encabezada por Anacleto González Flores, quien derramó su sangre junto con los hermanos Jorge y Ramón Vargas González, al igual con Luis Padilla Gómez, en esta cuidad. Bajo el grito: ‘Yo muero, pero Dios no muere: ¡Viva Cristo Rey!’. Anacleto González Flores entregaba su vida al Creador después de una vida de intensa piedad y de un fecundo y audaz apostolado. Durante su vida, después de recibir una sólida formación humana y cristiana, se dedicó a luchar por los derechos de los más desprotegidos. Conocedor fiel de la doctrina social de la Iglesia buscó, a la luz del Evangelio, defender los derechos elementales de los cristianos, en una época de persecución”.

Cardenal José Saraiva Matins, Legado Pontificio

De la Homilía en la Misa de Beatificación, 20 de noviembre de 2005.

 “Su martirio se fue preparando a través de los años de su vida. Recién profesa (la testigo es religiosa Carmelita del Sagrado Corazón), cuando el papá de una hermana vino a visitarla, me invitó a que la acompañara. Su papá que era de Atotonilco el Alto (Jalisco), me comenzó a platicar de Anacleto con gran entusiasmo y admiración, yo misma me quedaba sorprendida. Me contó que mi tío Anacleto era licenciado y que sin embargo nunca se le dijo licenciado, sino el ‘Maestro Cleto’. Él enseñó a cada uno con paciencia y cariño. Era muy pobre, pero a pesar de su pobreza ayudaba a otros. Me dijo que recordaba que una vez llegó a él y le dijo: ‘Maestro Cleto, no tengo nada para llevar a mi familia’, y él buscó en sus bolsillos y le entregó lo que traía, diciéndole: ‘Allí están esos veinte centavos’.* Él me dijo también: ‘El Maestro Cleto es un santo’. Me lo dijo con entusiasmo y temblando al recordarlo, casi como si lo estuviese viviendo en ese momento”.

Guillermina González Castellanos

Sobrina del Beato

“Nació en Tepatitlán de Morelos, Jal., era de familia humilde, estudió la carrera de leyes. Creo que ejerció su profesión, pero se dedicó al apostolado.

Vivió y murió pobre. Era obediente. Se ajustaba a lo que la Iglesia le pedía. No quería la violencia sino ganar a base de armonía, era pacífico. Respetuoso de la familia, humilde. Hacía las cosas con sencillez. No buscaba honores. Trataba a la gente con suavidad. Era un hombre virtuoso que se sujetaba a Dios. Se notaba algo especial en él. Su virtud principal fue la caridad”.

Elodia Rojas Luna

“Anacleto nació en Tepatitlán, y desde cuando tenía ocho años, mi papá lo llevó para que estudiara música. Desde entonces Anacleto tenía su altarcito, en el alto que le servía de telar para tejer rebozos, y hacía su oración diariamente (…) él trabajaba, iba a la escuela y estudiaba.

Anacleto era muy amigo del Canónigo Cuéllar de San Juan de los Lagos, quien le dijo a mi papá que Anacleto estaba perdiendo el tiempo en Tepatitlán, que lo mandara a San Juan de los Lagos. Se lo llevó (…) a estudiar al Seminario, tendría unos catorce años.

Era alto, bondadoso, bueno. Su modo de hablar era aristócrata. A los que no tenían con que pagarle, no les cobraba. Era muy bueno con su esposa Concha”.

Julia González Flores

Hermana del Beato Anacleto

  “Era muy asiduo a los sacramentos. Decía que para servir a Dios había que fortificarse, y con la fuerza de la Eucaristía todo lo podía y que el dinero era el estiércol del demonio. Defendía a los sacerdotes y los derechos de la Iglesia. En muchos de sus discursos hablaba del martirio.

“Era de carácter firme. Dedicado íntegramente al apostolado. Piadoso e infundía esto en los demás. De un gran fervor eucarístico”.

José de Jesús Ramírez Zamudio

 “(…) Vimos que Anacleto estaba en el jardín de Escobedo, perorando con mucho entusiasmo, exigiendo al Gobierno que entrara en razón, que ya era tiempo que se diera libertad al pueblo cristiano y a las organizaciones católicas. Se manifestaba abiertamente, sin miedo (…)”.

Enrique Toral Moreno

“Cuando regresamos a Guadalajara (1926) encontramos un ambiente de represión, no sólo a la Iglesia sino a cualquier católico. Como  ovejas sin pastor, el miedo se apoderaba del pueblo. Fue entonces cuando surgió vibrante y providencial la figura del licenciado Anacleto, esposo ejemplar y padre de dos hijos. Hombre muy inteligente y preparadísimo; comprometido con la causa de la Iglesia y del pueblo, fundador de la A.C.J.M. en Guadalajara. La persecución religiosa significó para él un reto y sin titubear lo aceptó. Se convirtió en el clarín que convocó a la lucha y reunió a todo Jalisco en una resistencia pacífica pero atrevida y fuerte contra la tiranía de Calles y sus secuaces.

A los acejotaemeros el ‛Maistro Cleto’ supo inyectarles el valor que lo llevó hasta el heroísmo. En las juntas o mítines que realizaba en la casa de mi padrino Hilario Pérez, era tal su entusiasmo y ardor de sus palabras que salían de allí todos, decididos a dar la vida si necesario fuera por defender la fe y la Iglesia de Jesucristo.

A través de Gladium Anacleto alentaba e informaba de todo lo relacionado con la situación, el boicot y la Unión Popular”.

María Concepción Plascencia Parra

“(…) yo ingresé a la A.C.J.M., de la cual era presidente el Lic. González Flores. Esto me dio la oportunidad de estar en más contacto con el licenciado, así como de asistir a mítines y demás reuniones en las cuales su entusiasmo patrio y católico se desbordaba al máximo para convencer al auditorio de que el amor a la Patria y a Dios eran la base para disfrutar de una paz duradera.

En todos sus discursos hacía gala de amor a la Virgen de Guadalupe, de la que era un ferviente enamorado. Era notorio en aquellos días que el licenciado González Flores era el gran promotor de la Acción Católica y a su alrededor se agrupaba toda la juventud descontenta de la postura antipatriota y anticatólica del gobierno del General Calles. Y por lo tanto, el licenciado González Flores sabía el gran peligro en que se encontraba, pero su amor y su convicción religiosa lo impulsaba a seguir al frente de la Acción Católica.

Agustín Plascencia Parra

“El enemigo a perseguir de parte del Gobierno era el Sr. Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez y Anacleto estaba en estrecha colaboración con él a quien consultaba frecuentemente.

Atanasio Jarero, jefe de las Comisiones de Seguridad, fue propiamente el que tomó prisionero al Siervo de Dios. Lo trasladaron al Cuartel Colorado. Un testigo (el Chato) que fue a recoger el cadáver de Anacleto, me decía del estado en que encontraron el cuerpo: piquetes de bayoneta, los pulgares de la mano negros, que hace suponer que fue suspendido (…)”.

Alfonso Díaz Morales

 “(…) Uno de ellos (compañero de martirio) quería confesarse, pero Anacleto le dijo que su propia sangre sería su purificación. Quiso ser el último en morir para auxiliarlos. Lo martirizaban para que dijera el paradero  del Sr. Arzobispo Orozco y Jiménez. Sólo respondía: ‛¡Viva Cristo Rey!’. Al general Ferreira (su verdugo) le decía: ‛Tú me condenas, pero yo seré tu intercesor. Tú me matas, pero Dios no muere’ ”.

Guillermina González Castellanos

Sobrina del Beato Anacleto

“El martirio del licenciado Anacleto fue terrible. En su cuerpo se vengaron con saña sus enemigos. Cuando sus restos destrozados fueron entregados a su familia yo insistí en que mis hermanas me llevaran (…) Lo velaron en la sala de su casa y únicamente familiares y amistades fueron admitidas dentro. Allí estuve yo (…). Afuera, la gente fluía como si fuera una romería. A través de las rejas de las ventanas veían, rezaban y lloraban.

“Sobre su lápida está atinadamente esculpida lo que podríamos llamar su enseñanza y su herencia ‛Verbo, vita et Sanguine docuit’ (Enseñó con la palabra, con la vida y con la sangre)”.

María Concepción Plascencia Parra

BEATO LUIS PADILLA GÓMEZ, LAICO, MÁRTIR

“Conocí al Siervo de Dios desde que era niña, era hermano de mi padre. Vivíamos en la parte baja de la casa donde él vivía (…) Su infancia transcurrió en Guadalajara. Su madre se ocupó de su primera educación. Era muy dócil a sus padres. Sus aficiones preferidas (de niño) eran jugar, cantar y hacer comedias. Asistió a la catequesis parroquial”.

“Trataba mucho con seminaristas. Perteneció durante su juventud a la ACJM. No sé si se dedicó a obras sociales o de caridad. Su mamá estaba muy encantada con la actividad de su hijo”.

Emilia Padilla Cruz

Sobrina del Beato Luis

“Estuvo en el Seminario Diocesano y se retiró por motivos de salud. Vivían de sus rentas. Tenían fondos de Teocuititlán. Ejercía la caridad visitando enfermos. Su vida era una maravilla. Tenía un oratorio en su casa dedicado a la Santísima Virgen. Allí pasaba largos ratos de oración”.

Ing. Miguel Francisco Saavedra Sáenz

“Lejos Luis del seminario, juzgando torcido el rumbo de su vuelo, se detiene para escrutar el horizonte con vivísima ansiedad, como el ave que extraviada tras de la tormenta que la aventó en su furia, revolotea indecisa hasta que orientada ya otra vez, se interna y se pierde resueltamente en el espacio”.

“El secreto de la virtud de Luis fue su amor apasionado por la Virgen. Pocos, muy pocos podrán decir como el mártir me decía a los 24 años de su edad: ‘Una de las causas que me hacen inclinarme a abrazar el sacerdocio es el no haber cometido un solo pecado mortal desde el día de mi primera comunión hasta la fecha’”.

El testigo utiliza el seudónimo Sitiens,

Fue condiscípulo del Beato en el seminario

“Parece que había elegido en el mundo el celibato. En cierta ocasión los compañeros de grupo le hicieron notar que no tenia novia y le sugirieron que tratara a una hermana de uno de los compañeros que se llamaba Pablo González López (…), pero el proyecto no prosperó.

Su ocupación preferida era la lectura. (…) Siempre trataba con caridad a todos.

Doña Merceditas y sus hermanas  se veían en él. No fumaba, no tomaba, tenía amistades buenas, era muy moderado. Ejercía la caridad sin ostentación, buscaba a los pobres vergonzantes. Su vida se centró   en el amor a la Santísima Virgen. Era muy reservado. No contaba sus proyectos”.

Ing. Miguel Francisco Saavedra Sáenz

“No conocí personalmente al Siervo de Dios, pero sí a su mamá Merceditas y a Luz su hermana (…) Era muy piadoso, pasaba largos ratos en su oratorio privado (…) Sé que era el segundo de Anacleto González Flores, quien se expresaba muy bien de él”.

Profa. María Luis Vargas González

Hermana de los Mártires Jorge y Ramón

“Tenía mucha fe. Era un moralista consumado. Era pobre en el uso de los bienes terrenos, parco en  el comer, tenía un gran espíritu de servicio. Siempre trataba a los demás con sencillez”.

“Se conserva su diario, era muy místico. Le gustaba mucho salir al campo. Sus aspiraciones eran el apostolado y la Acción Católica”.

Alfonso Nuño Martínez

 “Tenía buen nivel cultural. Fue secretario de la A.C.J.M. (…) era alegre y piadoso”.

Profa. María Rojas Luna

“Fue hecho prisionero el 1 de abril de 1927. Luis habitaba en el 3er. piso de su casa. Por la azotea entró Jarero, jefe de la policía, con un piquete de soldados. En ese tiempo el Siervo de Dios tenia un tío que era Senador de la República, éste, José Padilla Gómez, senador por el Estado de Colima, obtuvo el amparo en favor del Siervo de Dios. Llegó a tiempo pero no lo tomaron en cuenta y consumaron el fusilamiento”.

Emilia Padilla Cruz

Sobrina del Beato Luis

“El 1 de abril (1927) lo tomaron preso. Quien estuvo al cargo (de la aprehensión) fue Atanasio Jarero. Quizá encontraron papeles de propaganda religiosa y por eso lo detuvieron. A su mamá y a sus hermanas también las detuvieron”.

“Sus compañeros de prisión fueron Anacleto y mis hermanos Jorge y Ramón. El fusilamiento fue como  a las dos de la tarde. Dicen que dijo el jefe militar: ‛Para que no se anden metiendo con curas’”.

Profa. María Luis Vargas González

Hermana de los Mártires Jorge y Ramón

BEATO JORGE VARGAS GONZÁLEZ, LAICO, MÁRTIR

“Su ocupación, empleado. Su conducta moral: era piadoso, obediente, vivía cristianamente.

(…) Su primera comunión la recibió en Ahualulco. Frecuentaba los sacramentos de la reconciliación y la Eucaristía. Acostumbraba rezar diario el Santo Rosario”.

Profa. Ma. Luisa Vargas González

Hermana menor del Beato

“Su adolescencia y juventud la pasó en Guadalajara. La relación con sus padres era cordial. En su trato era reservado. Hablaba ordinariamente de sus estudios”.

Profa. Ma. Luisa Vargas González

“Estudió la secundaria y preparatoria y después consiguió trabajo. Ya no estudió más. Era de estatura mediana. Apacible. Tenía una novia con quien pensaba casarse”.

Profa. Ma. Luisa Vargas González

“Era amistoso, fomentaba el compañerismo. Era limpio en sus amistades y en su noviazgo. No eran amigos que consumieran alcohol. Amante de la paz. (…) Era un poco iracundo pero no se dejaba dominar”.

Profa. Ma. Luisa Vargas González

“Tenía una fe profunda. La manifestó siempre con valentía: era cristiano práctico. Tenía mucha esperanza en Dios. Nunca se desesperó. Era muy caritativo sobre todo con los pobres”.

Profa. Ma. Luisa Vargas González

“Según mi opinión fue prudente sobre todo en la colaboración con Anacleto. Ejercitó la justicia, nunca se supo que haya procedido con injusticia. Era fuerte y valiente. No supimos que lo hayan torturado”.

Profa. Ma. Luisa Vargas González

“(…) Era de comunión diaria. Iba al Santuario y a San José y creo que era muy devoto del Santísimo Sacramento y de la Santísima Virgen de Guadalupe. (…)”.

Victoria Rojas Ramos

“Al Siervo de Dios lo tomaron preso en su casa. El motivo fue que defendía la libertad religiosa. Lo llevaron al Cuartel Colorado juntamente con Anacleto González Flores y otros dos hermanos del Siervo de Dios (Ramón y Florentino), cuando los fusilaron su último grito fue: ¡Viva Cristo Rey!”.

Victoria Rojas Ramos

“En su sepelio hubo mucha concurrencia. Su muerte fue considerada como martirial, recogían su sangre en pañuelos para guardarla como reliquia”.

Profa. Ma. Luisa Vargas González

 

BEATO RAMÓN VARGAS GONZÁLEZ, LAICO, MÁRTIR

“Era de familia muy cristiana. Era estudiante y observaba buena conducta. (…) Tenía buenas amistades, andaba con Anacleto González Flores y pertenecía a la A.C.J.M. Sé que frecuentaba los sacramentos”.

Profa. María Antonia Limón Limón

“Era dócil a sus maestros. Le gustaba el básquet y los juegos de mesa. (…) Era amistoso, tenía sus amistades en la facultad de medicina.”.

Profa. María Luisa Vargas González

Hermana del Mártir

“Amante de la paz. (…) No se dejaba llevar por ningún vicio. Era tranquilo optimista, alegre. Rezaba el Santo Rosario”.

Profa. María Luisa Vargas González

“Lo aprehendieron en su casa. Con Ramón sucedió algo digno de notar: como era en lo físico en poco distinto al resto de la familia, al llegar los soldados se salió de la casa pasando por en medio de ellos y no lo detuvieron, pensando que no era de la familia. Pero él recapacitó que no era correcto dejar a todos en el problema y él escaparse, por eso regresó y también se entregó a la fuerza pública. Esto sucedió el 1º de abril como a las cinco o seis de la mañana”.

Profa. María Luisa Vargas González

“No tomó las armas. La situación que se vivía en ese tiempo era de persecución contra la Iglesia católica.

Era prudente, no era alocado. Era respetuoso de los derechos de los demás. Estaba dispuesto a sufrir por la fe. No sé si desearía el martirio (…)”.

Octaviano Navarrete Yáñez

“Murió por Cristo. La gente desde el principio lo tuvo como mártir”.

Paula González de Valle

“Hubo mucha concurrencia de gente en su entierro. Todo el pueblo apreció que fuera mártir, desde un principio así lo consideró”.

Octaviano Navarrete Yáñez

 

BEATO EZEQUIEL HUERTA GUTIÉRREZ, LAICO. MÁRTIR

“Él fue a la escuela parroquial, después se cambiaron a la ciudad de Guadalajara y ahí asistió al Liceo de Varones que era una escuela de gobierno. Él estudió música, ópera y algo de composición musical, era un apasionado por todo lo que se refería a la música (…)”.

Manuel Huerta García

Hijo del Beato Ezequiel

“Siempre fue un hijo obediente a sus padres y respetuoso (…). Él hacía sus primeros viernes, sus ejercicios espirituales y era dedicado a todo lo que le daba fuerzas para vivir su fe y su religión”.

Manuel Huerta García

“Perteneció a la Adoración Nocturna, a la Congregación Mariana y al Sindicato de Obreros Católicos. Él ayudaba en lo que podía y siempre fue así. Era de los que se quitaba el bocado por dárselo a quienes más necesitaban”.

Manuel Huerta García

“Mi padre trabajaba con mi abuelo materno y ahí conoció a mi madre. Siempre fueron de un trato muy respetuoso, sólo se veían por las tardes y cuando iban a misa, así era la usanza. (…)”.

Manuel Huerta García

“Mi papá siempre fue fiel. Jamás me di cuenta absolutamente de nada que no fuera el amor que tenía a mi madre. Todos nosotros lo queríamos mucho. (…) Sus hermanos  y amigos lo querían mucho y lo apreciaban”.

José Huerta García

Hijo del Beato Ezequiel

“Él trabajó como músico y como sacristán y también como cantor. Siempre fue responsable con sus obligaciones de trabajo. Lo querían mucho y la mayoría de sus amigos le decían ‛don Ezequiel’”.

José Huerta García

“Él comulgaba todos los días (…). Nos infundió un gran respeto a la Eucaristía, a los sacerdotes y a la Iglesia, a quien siempre defendía y era un ferviente seguidor de ella”.

José Huerta García

“Don Ezequiel no era hombre de vicios, era muy recto y muy formal (…) Era un hombre como hay pocos, muy alegre, de una voz extraordinaria, le gustaba como a su propia vida la música y el canto. Su devoción era para el Santísimo Sacramento y a la Santísima Virgen, de hecho, él traía siempre un escapulario, vivía mucho su relación con Dios por la adoración nocturna”.

R.P. Ricardo Rizo Hernández, S.J.

“Lo tomaron preso un sábado por la mañana, un día después de que tomaron preso a Anacleto Gonzáles. Mi papá y yo fuimos a visitar el cuerpo de Anacleto (…). Regresamos a la casa y mi mamá salió para velar también el cuerpo de Anacleto. Nos quedamos con mi papá cuando llegaron dos individuos, tocaron el cancel y mi padre fue a abrir y yo atrás de él…”.

José Huerta García

“… ‛Digan, señores’ ‛Venimos a revisar las llaves del agua’. Una vez que entraron manifestaron que tenían una orden de cateo y que eran policías que andaban buscando armas y parque (municiones). No encontraron nada. Llegó mi madre y ella preguntó por la señora de la casa porque se dio cuenta de que eran policías. Llegaron más policías y se llevaron a mi padre (…)”.

José Huerta García

“(…) Supe que se lo llevaron a los calabozos de la comisaría  junto al Mercado Corona. Ahí le interrogaron y supe que lo colgaron de los dedos para que hablara. Él tenía que confesar dónde estaban sus hermanos sacerdotes y tenía que claudicar de su fe. Pero él siempre estuvo tranquilo, repetía mucho: ‘¡Viva Cristo Rey!”.

Ezequiel Huerta García

Hijo del Beato Ezequiel

“Él aguantó todo cuando estuvo preso. Sé que su hermano Salvador estuvo a su lado en la misma celda una vez que los interrogaron y los golpearon, y en la celda contigua estuvo el padre Bernal que entonces era un seminarista y lo habían detenido porque estaba en una iglesia dirigiendo el Santo Rosario, pero esa misma noche lo dejaron libre”.

Ezequiel Huerta García

“En la madrugada del día 3 de abril de 1927, lo sacaron de la prisión a él y a su hermano Salvador y los llevaron al panteón del Mezquitán. Ahí, a la entrada sobre la mano derecha, pusieron primero a mi padre y un pelotón de soldados le dio una descarga de tiros y al instante cayó muerto”.

Ezequiel Huerta García

“Sé que mi padre antes de morir le dijo a mi  tío Salvador, su hermano, la siguiente frase: ‘Salvador, los perdonamos, ¿verdad?, y ahí las balas apagaron su voz”.

Ezequiel Huerta García

  

BEATO SALVADOR HUERTA GUTIÉRREZ, LAICO. MÁRTIR

“Era muy dócil y obediente con mi madre grande y mi abuelo Isaac, los quería mucho y los respetaba, a él lo quisieron mucho mis abuelos”.

Ma. Guadalupe Huerta de Alatorre

Hija del Beato

“No tuvo noviazgos, ya que a mi tía (Adelina) la conoció desde muy joven.  Fue muy fiel y trataba a mi tía con mucha atención y cariño. Nunca le supe nada que estuviera fuera de lo normal y correcto. Yo me fui con él a muchas partes y siempre tuvo el mismo comportamiento”.

Ing. Manuel Huerta García

Sobrino del Beato

Fuimos once hijos, uno murió al mes de nacido. Trataron siempre de educarnos en los principios de la religión cristiana poniendo ellos todo su esfuerzo y dedicación para que nos realizáramos de la mejor manera posible”.

Ma. Guadalupe Huerta de Alatorre

Hija del Beato

“Sé que sólo tuvo a su esposa desde muy joven y que no tuvo otra novia, pero ni le hacía falta, ella era muy guapa, una gran mujer, él vivía sólo para ella y sus hijos, no tenía ojos más que para ellos.

José Cruz Gutiérrez Partida

Trabajó en el taller del Beato Salvador

“Él siempre había deseado tener uno de los mejores talleres de Guadalajara, cosa que lo consiguió. Su ambiente siempre era muy correcto. Todo el mundo lo respetaba y lo quería. Nunca me tocó ver un cliente que se fuera enojado o inconforme por el trabajo que le habíamos hecho a su carro”.

José Cruz Gutiérrez Partida

“Siempre tuvo mecánicos que le duraron muchos años, los que se iban era porque ponían sus propios talleres y el maestro Huerta los apoyaba y hasta los financiaba, tuvo la fama de ser una extraordinaria persona”.

Agustín Plascencia

“Algunas veces nos daba algo más de lo que ganábamos. Nos preguntaba por nuestras familias, nos daba consejos, era más que un patrón para nosotros, como un padre y así lo veíamos”.

José Cruz Gutiérrez Partida

“(…) No le fallaba a los primeros viernes, a la comunión diaria, al rosario y a la bendición eucarística, que si bien no era de diario porque nos quedábamos hasta tarde por algún trabajo, cuando podía él antes de ir a su casa daba una visita al Santísimo Sacramento. Él nos decía a todos los del taller (que tuviéramos) una confianza ilimitada a la Divina Providencia, al Sagrado Corazón de Jesús y a la Santísima Virgen de Guadalupe”.

José Cruz Gutiérrez Partida

Él siempre nos decía la verdad. Tenía un gran espíritu de piedad y mucha devoción. Le gustaba leer la vida de los santos”.

Ma. Dolores Huerta Jiménez

Hija del Beato. Religiosa salesiana

“Mi padre pensaba (se preocupaba) por sus hermanos que eran sacerdotes muy populares y conocidos por el pueblo, y era muy fácil que los descubrieran. Él, como casado, nunca pensó que corría peligro. Él nunca tomó las armas ni participó en ninguna lucha”.

Profa. Dolores Huerta Jiménez de Palacios

“Fue el 1º de abril cuando fusilaron al Maestro Anacleto González Flores. Llegaron mi hermano Salvador y mi primo Manuel que andaban en la cristiada, y mi padre y mi tío Ezequiel decidieron mandarlos a los Estados Unidos. Mi padre se despidió de ellos y les dijo: ‘De nosotros no se apuren, si es que nos matan, pues que nos maten’ (…)”.

Profa. Dolores Huerta Jiménez de Palacios

“Una de las cosas que me impresionaron de él era su sinceridad y tranquilidad. Una vez platicando con mi papá le decía: ‘Oye, Salvador, y si nos matan a nosotros, ¿qué pasará con nuestras familias? Él muy tranquilo le contestó: ‘Tan simple como que se las encomendamos a Dios, desde el cielo se puede guiar mejor a la familia y que jamás les falte nada’”.

Ing. Manuel Huerta García

Sobrino del Beato

“Supimos después, que los detuvieron el día 2 de abril de 1927, un día después de que nos fuimos (…) La policía municipal fue la que se los llevó, de ahí se los llevaron al Cuartel Colorado, donde abajo, en los sótanos, había calabozos y ahí los tuvieron, y quienes los interrogaron ya, fueron los soldados al mando del general Ferreira quien era jefe de la zona. La orden estaba dictada así: ‘Agárrenlos y fusílenlos’. La reacción de él fue muy positiva, él era sereno y controlado, tranquilo. De lo que supimos, todo su comportamiento fue muy ejemplar, jamás se venció”.

Ing. Manuel Huerta García

“El padre Bernal (…) estuvo preso junto con ellos, él era aún muy joven, yo creo que por eso no le hicieron nada, pero él contaba que en ningún momento lo vio flaquear. Cuando lo dejaron todo ensangrentado, junto con su hermano Ezequiel, sólo se oían leves quejidos y como que rezaban. Él estaba en la celda de enfrente”.

Agustín Plascencia

“Los fusilaron en el panteón de Mezquitán, el día 3 de abril de 1927, más o menos fue el fusilamiento como a la una de la mañana precisamente para no levantar sospechas, ni que la gente se diera cuenta para evitar manifestaciones como con don Anacleto y los que murieron con él ”.

Ing. Manuel Huerta García

“Muy tranquilo se quitó el sombrero y dirigiéndose a mi padre le dijo: ‘Me descubro ante ti, hermano, porque ya eres un mártir’ después se colocó espaldas al muro y viendo que el velador del panteón traía una vela se la pidió, se rasgó la camisa y dirigiéndose a los soldados les dijo: ‘Les pongo esta vela en mi corazón que tanto ha amado a Cristo, su Rey, su Dios’. Una descarga de fusiles se oyó y mi tío cayó muerto. Después el capitán le dio el tiro de gracia”.

Ing. Manuel Huerta García

 

BEATO ANDRÉS SOLÁ MOLIST, PBRO. MÁRTIR

“Durante cuatro años estudió humanidades en Vich (España), siempre con las máximas notas en conducta y con un progresivo avance en los demás estudios hasta conseguir calificaciones también máximas”.

Summ., 137-139; Doc. 20, 72

“Según referencias de mi madre, era un joven activo, emprendedor y de confianza, sin temor a nada; recuerdo también que mi madre dijo que había caído dos veces al agua, siendo salvado por ella misma una vez y por un vecino la otra”.

Test. XXXIV, EUD. SOLÁ, Summ., 97, ad 10.

“Hacia 1908, queriendo trasladarse la familia de Sentforas a Alpéns, su padre llevó a Andrés para que viera la casa que allí se les ofrecía, y le preguntó: ‘¿Te gusta la casa?’ Y Andrés contestó: ‘Me gusta mucho, pero mi vocación es de misionero’”.

Test. XL, Antonio María Arranz, Summ., 104, ad 7.

“Durante los primeros días (de su ingreso al noviciado de los Claretianos) pudo observarse en él decidido empeño para copiar en sí las virtudes que el venerable padre fundador (San Antonio María Claret) pone como fundamento de la vida espiritual del misionero”.

Test. XL, Antonio María Arranz, Summ., 103, ad 7.

“De temperamento bilioso y sanguíneo, era en su exterior de apariencias algún tanto adustas y de continente marcial y decidido. Esto fue causa de pequeños roces y de ciertas prontitudes espontáneas que era el primero en reconocer, y que le dieron ocasión para ejercitarse en actos hermosos de humildad”.

Antonio María Arranz,

Los Mártires de San Joaquín en la República Mejicana,

Madrid, 1927, 32.

Fue destinado a León como misionero popular a fines de 1924. Enseguida comenzó su ministerio como misionero y predicador popular.

De las cartas enviadas a su hermano Santiago y a sus padres en 1923

“En la mañana del día en que fue aprehendido nos dijo que habían cogido al padre Rangel, y a pesar  de esta aprehensión siguió adelante”. (Celebró una Hora Santa).

Testigo XXVII, J.  Antillón, Summ., 83-84, ad 10 y 54

“Estaba comiendo cuando se presentó el general, y altaneramente dijo así: ‘Coman, coman, buen apetito’ Entonces se paró el P. Solá y le dijo: ¿Usted gusta?’ y él le contestó: ‘No le pido, ustedes son unos ruines, soberbios, los aborrezco, los odio. Los que asaltan trenes; codiciosos (…)’, y muchos oprobios. Con mucha calma y humildad (el padre Solá) se sentó, agacho su cabecita, y siguió comiendo su pan, oyendo todo con resignación y paciencia. (…)”.

Josefina Alba,  Apuntes, en Summ., 175, Doc. 34,2

“(…) fui al lugar donde hablaban y eran tres señores que habían fusilado (…) yo encontré a dos señores muertos y uno todavía no moría y me habla a mí y me dice: ‘Oye, ¿tú, qué vas a hace conmigo?’ y le dije: ‘nada señor’, y me dice: ‘Ves esos dos muertos que están a un lado de mí, uno es sacerdote de Silao, de la iglesia del Perdón y yo soy sacerdote español de León, somos dos sacerdotes y morimos por Jesús, y morimos por Dios (…) enseguida me fui y vino otro hombre y las mismas palabras que a mí me dio le dijo al otro hombre (…) (a un tercer hombre) le dijo que tenía mucha sed, que le trajera agua. Al llegar con el agua y muriendo luego”.

Petronilo Flores González

 

BEATO JOSÉ TRINIDAD RANGEL MONTAÑO, PBRO. MÁRTIR

“Por mi madre que me lo platicaba, sé que cuando era niño y joven era muy devoto de la Santísima Virgen, y que iba, sin fallar, cada domingo a oír la misa y de seguro también a confesarse del Durazno al pueblo de Dolores…”.

Agustín Rangel, hermano del Beato

“En cuanto a sus virtudes ya siendo varón,  digo que el Siervo de Dios me levantaba entre las cuatro o cinco de la mañana, antes de abrir la iglesia en la que decía misa, para que rezáramos juntos las devociones de la mañana.

Fue caritativo, lo vi dar limosnas a quienes le pedían de ordinario. Era prudente y siempre ejerció la virtud de la justicia”.

Agustín Rangel

“Vestía con sencillez. En la calle andaba siempre con la vista baja. En la casa fue sencillo también, no era partidario de comidas y vinos. Nunca se sirvió en nuestra casa una botella de vino. (…). Fue igual desde que lo conocí hasta su muerte”.

Agustín Rangel

“Celebraba con mucha devoción el santo sacrifico de la misa. Procuró mucho engrandecer la devoción al Sagrado Corazón y a la Santísima Virgen Nuestra Señora”.

Cornelio Sierra, párroco de Silao

“He dicho que Trino era un niño, y llegamos a creer varios compañeros que aun ya ordenado nunca había perdido la inocencia bautismal. Acerca de su vocación al sacerdocio, vino ya grande al seminario, anduvo en un rancho trabajando en las labores del campo (…)”.

Patricio Arroyo Urbina

“(…) En cuestión de dinero era muy poco afecto para pedir limosnas extraordinarias a los fíeles, y cuando había de hacer algunas reparaciones al templo o había de comprar algunas cosas para el mismo, prefería, para no molestar a la gente, poner una parte de su misma bolsa”.

Agustín Rangel, hermano del Beato

“Siendo ya sacerdote me consta que tenía una fe muy grande, también grande esperanza y caridad para con Dios y para con los prójimos. Sobre la fortaleza me consta a mí que la tenía en grado heroico, por sus disposiciones para el sufrimiento”.

Cornelio Sierra, párroco de Silao

“En 1927, yo le insistí para que se fuera a los Estados Unidos, ofreciéndole dinero, producto de una cosecha de trigo que se había levantado y él no quiso; nunca quiso irse, porque como dijo, quería cumplir con su deber”.

Agustín Rangel, hermano del Beato

“Precisamente cuando tratábamos de ocultarlo tras un ropero él no aceptó, sino que me dijo: -Mire, señorita, esto no puede hacerse cuando llega la hora de mi martirio, porque yo quiero estar con nuestro Señor y me toca este momento”.

María Muñoz

“(…) el entonces vicario general de esta diócesis le propuso al padre Rangel que retirara el sagrado depósito (hostias consagradas) de una casa de religiosas de San Francisco del Rincón para evitar profanaciones; sé que le advirtió del peligro, y dijo el Siervo de Dios que iría porque se trataba del Santísimo Sacramento”. (Allá fue detenido).

Cornelio Sierra, párroco de Silao

“El padre José Trinidad Rangel, el padre Andrés Solá y el señor Leonardo Pérez fueron obligados a bajar del tren en compañía de diez soldados y un oficial. Se alejaron unos cincuenta metros de la vía. Los tres fueron fusilados en el mismo sitio”.

José Santiago Romo y Leodegario Marín.

Jóvenes católicos que habían sido detenidos con los Mártires,

pero a ellos los dejaron en libertad.

 

BEATO LEONARDO PÉREZ LARIOS, LAICO. MÁRTIR

“En el rancho teníamos oratorio y recuerdo que a sus 19 años su gusto era celebrar las fiestas principalmente las de la Purísima Concepción y el mes de María”.

Guadalupe Pérez

Hermana de Leonardo

“En León (Guanajuato) trabajó en una tienda de confecciones llamada La Primavera. Leonardo estaba encargado de la venta al público, del control de las prendas que se entregaban a las costureras para la confección y del adorno de los escaparates”.

Josefina Leal y Rita Arce

“Durante la grave y larga enfermedad que afligió al dueño de La Primavera, don Juan Silbert, Leonardo estuvo a su lado asistiéndole hasta que murió”.

Alfonso Pérez. Hermano de Leonardo

“Estimaba en grande la vocación religiosa y se hubiera ido de religioso si no hubiera habido dificultades de familia, pues hubo de quedarse aquí para sostenerlas, como lo hizo hasta su muerte”. (Ayudó al sostenimiento económico de sus dos hermanas que estaban solas).

Alfonso Pérez

“Era poco lo que ganaba pero me entregaba todo su dinero y creo que ayudaba con frecuencia a los seminaristas porque el padre Ayala me lo platicó, a las Religiosas Capuchinas, a las Siervas del Sagrado Corazón y de los Pobres, a las Mínimas de María Inmaculada”.

Guadalupe Pérez. Hermana de Leonardo

“En cuatro o cinco años anteriores a su muerte se había dedicado enteramente a las devociones de mi templo, siendo el alma de muchas cosas, pues yo me descargaba en él”.

Miguel Enriquez

“Era franco, sin malicia en cosa alguna (…) Nada de imprudencias, murmuraciones; era cumplido en todo, sin quejarse de las dificultades de la vida”.

Alfonso Pérez

“Al Sr. Leonardo Pérez lo conocí como por tres o cuatro años, por razón de comercio, y durante tres o cuatro meses antes de su aprehensión porque iba diariamente a mi casa a visitar al Santísimo”.

Lozano

“Lo primero que hicieron (los federales) fue llevarnos al oratorio; todavía estaba allí el señor Leonardo. Luego le dijeron que era cura, que iba a celebrarla misa. Lo esculcaron y le sacaron no más que su rosario, y luego nos sentaron en la sala a los tres y empezaron a recorrer todo.

(…) Detuvieron al padre Solá, a Leonardo y a las dos señoras que allí se encontraban”.

María Encarnación Esquivel, viuda de Verduzco

“En el camino (iban presos en el tren), cuando íbamos a llegar a la estación de Santa María Leonardo me dijo: ‘Si nos sueltan aquí, ¿vamos a visitar a Nuestra Señora de San Juan?’ A los que yo le respondía que sí. Al llegar a Encarnación hizo la misma invitación para visitar al Señor de las Misericordias”.

José Santiago Romo

“Bajaron primero a los dos sacerdotes y luego a Leonardo Pérez, quien preguntó al mayor que mandaba la escolta: ‘¿A mí también?, se le contestó afirmativamente. ‘Yo no soy sacerdote’ dijo Leonardo mientras temblaba; entonces el P. Solá lo animó: ‘Pero qué es eso hijo, sólo es un momento’… Y entonces bajó con la sonrisa asomando en sus labios”.

Rita Arce

BEATO MIGUEL GÓMEZ LOZA, LAICO. MÁRTIR

“Era muy devoto de la Virgen en la advocación de Nuestra Señora del Refugio. Como muestra de esa devoción inició y logró cambiar oficialmente el nombre del poblado de Paredones por el del Refugio”.

Lic. Ma. del Rosario Gómez Loza vda. de Jiménez

Hija del Beato

“Perteneció a la Acción Católica de la Juventud Mexicana siendo de sus fundadores junto con Anacleto. Perteneció a la Congregación Mariana del templo de San José de Gracia”.

Lic. Ma. del Rosario Gómez Loza vda. de Jiménez

“Se dedicó a las obras sociales fundando sindicatos católicos con los obreros. Con los campesinos trabajó en las semanas sociales, con los estudiantes organizó entre ellos círculos de estudios y en la organización de la ACJM militó con todos los demás jóvenes. En todas estas actividades su mamá lo apoyaba”.

Lic. Ma. del Rosario Gómez Loza vda. de Jiménez

 “Se recibió de abogado sin obtener la firma de su título porque José Guadalupe Zuno, gobernador del Estado de Jalisco, no quiso firmar el título por la negativa que el Siervo de Dios le dio al gobernador para ocupar un puesto que le ofrecía (…)”.

Ma. Guadalupe Gómez Loza Sánchez

Hija del Beato

“La relación con mi mamá era buena, a nosotras nos trató muy poco. Sé que era muy cariñoso con nosotras. El matrimonio fue de noviembre de 1922 a marzo de 1928, cinco años y medio”.

Ma. Guadalupe Gómez Loza Sánchez

“Estuvo más de 50 veces en prisión, por faltas administrativas y otras por desobediencia a la autoridad civil. En varias ocasiones mi papá dio la responsiva para que saliera libre. La reacción de él fue afianzarse más en sus convicciones, jamás se doblegó”.

Ing. Luis Sánchez Alonso (Su cuñado)

Nota: Su desobediencia a la autoridad civil consistió en no someterse a las leyes injustas en contra de la Iglesia.

“En una ocasión izaron en la catedral de Guadalajara la bandera rojinegra (de los bolcheviques) y Miguel la bajó, motivo por el cual fue golpeado duramente y hecho prisionero en la cárcel de Escobedo”.

Ma. Inés González vda. de Rea

“A mi mamá le decía ‘Muchachita’. Sé que era fiel a su matrimonio. El único rival de mi mamá era la Acción Católica. Allegaba lo necesario para la familia, la casa era de mi mamá pero él la renovó. Le tenía dos sirvientas. Mi mamá lo quería mucho”.

Ma. Guadalupe Gómez Loza Sánchez

“Miguel tenía el cargo de gobernador civil en la zona, no estaba en combate. Él trataba de organizar la vida civil en esa zona al mando de los cristeros (…) Por su rectitud se consiguió enemistades entre los mismos cristeros”

Ing. Luis Sánchez Alonso

“Un día lo vi venir de prisa y dio vuelta en la calle Reforma y no por la calle San Felipe, como era su costumbre. Le abrí la puerta para que entrara pronto, puesto que un hombre con pistola en mano lo perseguía. Él quería defender la causa de la Iglesia, de la religión y atraer y cuidar a los demás, pensaba en Dios y no en otra cosa, era perseverante en sus ideales”.

Ana Ma. Sánchez Barragán (cuñada). Religiosa

“No conocía la palabra miedo. Una frase que repetía mucho era: ‘Perdónalos, Señor’. Él deseaba morir por Dios. Entonces todo mundo deseábamos hacerlo. Él decía y lo oí muchas veces: ‘Deseo morir por esta causa’. Siempre fue optimista y entusiasta, nunca se le vio derrotado”.

Ing. Manuel Huerta García

“Me relacioné con el Siervo de Dios cuando la primera reconcentración en el Cerro Picacho El Siervo de Dios era jefe civil.

No tenía armas, tenía su navaja para recortar papeles, él no entró en la lucha armada. Conviví con él más o menos por un año. Era estimado y respetable y los que no estaban levantados en armas también lo estimaban”.

Esteban Sánchez de Anda. Correo de Gómez Loza

“Mi tío Estanislao Lara, fue buscando al gobernador de los cristeros Miguel Gómez Loza, casualmente lo divisó cuando lo emboscaban y mi tío se escondió en un cerro cercano. Salieron los federales, lazaron al Siervo de Dios, amarraron la soga a la cabeza de la silla y lo arrastraron subiendo y bajando el cerro (…)”.

Profa. Ma. del Refugio Lara vda. de Carrillo

“Como no se defendía, pudieron pegarle hasta echarle un lazo y lo arrastraron hasta que lo creyeron muerto, rematándolo luego a tiros, cosa que les pesó mucho cuando en Atotonilco se dieron cuenta de quién se trataba, pues decían que bien lo hubieran podido coger vivo”.

Summ. Doc. XXI, 710

Testimonio de algunos militares presentes en el asesinato del Mártir.

 

BEATO LUIS MAGAÑA SERVÍN, LAICO. MÁRTIR

“La familia era muy unida. Eran personas rectas, buenos cristianos, de comunión, buenos defensores de la religión. Todos trabajaban en el mismo lugar de los cueros (talabartería). Entre ellos se llevaban muy bien.

José Guadalupe Navarro Rivas, Pbro.

“Ahí, en Arandas, el Siervo de Dios trabajó desde muy joven. Fue un excelente apoyo para sus padres, él estuvo al frente de la peletería y de la fábrica de huaraches. Era muy reservado. Le ayudaba mucho al señor Cura. De vez en cuando se iba al beisbol”.

José Guadalupe Navarro Rivas, Pbro.

“No tuvo vicios. Estuvo en la Adoración Nocturna, fue de los dirigentes de Acción Católica de la Juventud Mexicana. El Siervo de Dios fue un hombre bueno, católico responsable, trabajador.  Su familia y él tuvieron siempre muy buen prestigio en el pueblo”.

José Guadalupe Navarro Rivas, Pbro.

“Yo conocí bien a su esposa, creo que siempre fueron novios, él nunca tuvo más novia que ella. Aquí se casaron, vivían muy bien pues él era un buen muchacho, no se le conocía nada, ni de pleitos, ni cantinas, de mujeres, era muy derecho, de esos de palabra”.

Juan Barba González

“Yo tenía once meses (de edad) cuando mi padre murió. Lo que sé es más por la familia, por mi abuelo, por mi madre y por la gente que lo conoció muy bien.

“Fueron un excelente matrimonio. Se veían siempre muy contentos y muy acoplados, según las gentes. Fuimos dos hijos, yo Gilberto y mi hermana Ma. Luisa que nació después de la muerte de mi padre”.

Gilberto Magaña Camarena.  Hijo mayor del Beato

“El Siervo de Dios fue muy generoso con todos, no le tenía apego a nada, él vivía como todos a pesar de que tenía más”.

Salvador Navarrete Navarro

“iba con Luis cuando necesitaba centavos y a la verdad nunca me los negó. Me trataba bien y aprovechaba para decirme cosas que me servían para mí y para mi familia o el negocio de la carnicería. Era un hombre derecho, así ayudaba a todos, no era nada apegado a las cosas”.

Salvador Azpeitia Hernández

“El día 9 de febrero de 1928 le avisaron a mi abuelo que Delfino (hermano de Luis) había sido hecho prisionero y que lo iban a matar si Luis no se presentaba antes y se entregaba, mi abuelo habló con Luis y mi papá aceptó irse a entregar para salvar a su hermano. Se fue a la casa, ahí se bañó, se cambió de ropa, luego se fue a comer muy tranquilo, mi madre le sirvió, se levantó de la mesa, se despidió de todos y salió de la casa. No quiso que nadie lo acompañara, eran como eso de las tres de la tarde”.

Gilberto Magaña Camarena.

“Recorrió las calles y se presentó con los soldados que estaban de guardia, pidió que lo llevaran con el general Zenón Martínez y de inmediato lo llevaron. Él se presentó y con sus propias palabras le dijo al general que él era Luis Magaña, a quien andaba buscando. Le pidió que dejara libre a su hermano Delfino, y así sucedió”.

Gilberto Magaña Camarena.

“A mi papá lo pusieron junto a la puerta principal (del templo de Nuestra Señora de Guadalupe) del lado derecho, el pelotón se puso enfrente, el teniente trató de vendarle los ojos pero mi papá le dijo que era mejor así, sin vendarlo, con las manos atrás se dirigió a los soldados y lanzó el grito de triunfo de los cristeros de ‛¡Viva Cristo Rey!’, ahí cayó el cuerpo”.

Gilberto Magaña Camarena.

“Toda su vida el Siervo de Dios se la dedicó a Dios, para Él hacía todo. Era un muchacho entregado pues a su Dios, a sus creencias,  a sus principios y se le hizo morir por su Dios”.

Ignacio González López

 

BEATO MIGUEL AGUSTÍN PRO JUÁREZ, PBRO. MÁRTIR

La siguiente información ha sido tomada de algunos testigos, así como de algunas de las cartas del Beato Miguel Agustín Pro y de la página oficial de la Web.

Cuando llegaba el día de la raya de los mineros, iban a cobrar a casa de los Pro y Miguelito les decía: “¡Adelante muchachos! ¡Yo también soy barretero!” (es decir, minero). Los barreteros lo levantaban a hombros y le gritaban vivas.

Cfr.: Página oficial: http://padrepro.com.mx

“¡Mi vocación es cierta! ¡Seré religioso a pesar de todos los obstáculos! ¡Hablaré con mi confesor y pediré mi admisión a la Compañía de Jesús!”

Cfr.: Página oficial: http://padrepro.com.mx

“No recuerdo que nadie se molestara por sus bromas -es decir, no faltaba a la caridad-; el que las recibía era el primero en celebrarlas”.

Francisco Mateos

“Aparte de muchos trabajos y padecimientos el Hno. Pro tuvo que cargar con ingratitudes, falsas acusaciones, penas mortales, contrariedades de todas clases, y sin embargo conservó la alegría…”.

Hno. Pulido

“¿Le parece a Ud., hablando a fondo y fraternalmente, que podré yo servir para algo en la Compañía? – El compañero le respondió- “Pienso que para mucho, no olvide nunca a los obreros”.

Testimonio de un compatriota mexicano en Barcelona

“He venido 8 días a París a orientarme un poco y llevar el caudal de trabajo para el año. Estoy aquí abrumado de trabajo y no he tenido tiempo de pasearme por los grandes boulevares… con todo, me he dado una escapadita para ir a decir misa a la capilla donde nuestro Santo padre hizo sus primeros votos…”.

De una carta del Padre Pro

“La falta de sacerdotes es extrema, la gente muere sin sacramentos, y los pocos que quedamos no damos abasto. Permitidme quedar en mi puesto hasta que pase la persecución.

De una carta del P. Pro a sus superiores

“Me parece que expresaba con frecuencia el deseo de morir por Cristo, y recuerdo que una vez el padre me dijo que cuando se ordenó de sacerdote, había pedido a Dios que le concediese poder salvar muchas almas y morir como Cristo, en cruz”.

Srta. Domitila Guadalupe García Belaunzarán

“Antes de ser fusilado pidió que le dejasen rezar unos momentos de rodillas. Luego se levantó, tenía en una mano un rosario y en la otra un crucifijo. Abrió los brazos en forma de cruz. No quiso que lo vendasen. Quiso gritar: ¡Viva Cristo Rey! Sólo pudo pronunciar: ¡Viva…! cuando la descarga de la metralla lo tiró al suelo”.

Ing. Teodoro Kunhardt

“Yo puedo asegurar, la actitud devota, de rodillas, como aparece en las fotografías tomadas en el momento del fusilamiento, es la misma de recogimiento y de devoción como yo vi repetidas veces al padre Pro cuando rezaba ante el Santísimo Sacramento”.

Positio Pro, Informatio, 117=118, Proc. Ord. Mex.,

Test 2 ex Off., en Summ., 203. 250

“El padre Pro amaba a Dios, amaba apasionadamente a Jesús (…). De la raíz honda y profunda del amor de Dios brota en prodigiosa floración su caridad apostólica y su ardiente anhelo de martirio finalmente velados por un gracejo espiritual que hace amable la virtud y atavía el heroísmo con las galas de la sencillez”.

Mons. Luis María Martínez, Arzobispo de México

Citado en Positio Pro, Informatio, 123

 

BEATO MATEO ELÍAS DEL SOCORRO NIEVES DEL CASTILLO, PBRO. MÁRTIR

“Dio ejemplo de ser caritativo, porque tenía un corazón abierto para remediar toda clase de necesidades. Era amigo de los pobres y consolaba a los afligidos. Le vi celebrar el santo sacrificio de la Misa con mucha devoción y fervor; principalmente cuando estaba en la cueva por motivos de la persecución”.

Positio Nieves, Summ., 69, && 212-216

“El padre Nieves era por su naturaleza tímido y sin embargo en todo eso (durante la persecución) estaba en su vicaría dispuesto a sacrificarse por cumplir con deber”.

Raimundo Pardo Murillo, OSA (compañero de sacerdocio)

“Los soldados no iban en busca del padre Nieves ni de nadie, constituían el refuerzo que el capitán Márquez había solicitado. Se detuvieron, frente a la casa de los Sierra, para pedir una olla de agua. Mientras bebían el agua, el mayor Rodríguez fijó su mirada en el padre, descubriendo la orla del pantalón (color negro) que se asomaba debajo de los calzones (de manta, blancos)”.

Leonardo Reséndiz. Campesino que sirvió de guía a los soldados

“El capitán le respondió encolerizado: ‘Si pesado en oro me lo dan, se lo suelto’. Fray Elías dijo a mi padre: Tú no tienes esa cantidad que ofreces, ni habrá quien te la preste, y yo no quiero que ofrezcas nada por mí, pues en la mano de Dios está todo”.

Positio Nieves, Summ., 82 – 83, && 279-282; Informatio, 48-49

“El padre respondió que se hincaran para darles la bendición, se hincaron todos los soldados, les dio su bendición, y les dijo que él les daría la señal de disparar cuando levantara la mano. El oficial dio las órdenes correspondientes al pelotón, y entonces el reo comenzó a rezar el credo, y a las palabras subió a los cielos, levantó el brazo derecho e hicieron fuego”.

Positio Nieves, Summ., 170-171, Doc. Extraproc., n. 1;  Informatio, 50

“Lo que yo sé decirles es que el padre Nieves murió como un héroe y como un santo. Y eso basta”.

Capitán  Manuel N. Márquez

Participó en el fusilamiento del P. Nieves

 

ÁNGEL DARÍO ACOSTA ZURITA, PBRO. MÁRTIR

“Era de físico fuerte por jugar muy bien fútbol; (era) defensa; en plena juventud; lleno de fe, extrovertido, de carácter afable y bondadoso. El padre, como dije, era de carácter amable, sencillo, servicial, cumplido con el reglamento del seminario en general”.

Ignacio Lehonor Arroyo, Pbro.

“Era serio, una persona muy formal, platicador, muy sociable; no era introvertido; platicaba con toda la familia; era una persona estudiosa y responsable”.

Sra. Bertha Mesa

“Usted fue uno de los seminaristas que me merecieron más aprecio y con quien estoy más obligado, no tengo un solo recuerdo triste ni un solo resentimiento. Siempre abnegado, estuvo cooperando conmigo a la formación de sus excompañeros. No recuerdo una sola vez que a sabiendas me haya desobedecido, ni supe jamás que usted haya criticado alguna de mis órdenes, aún cuando fueran contra su modo de ver y sentir personal; ejemplo: la prohibición del fútbol. En resumen, siempre conté con usted para todo. Ahora, pues, que se separa de nosotros, no puedo menos que sentirlo en el alma y pedir a Dios con todo mi corazón que usted sea un santo sacerdote, como fue un buen seminarista, que su apostolado sea fecundísimo y que me siga ayudando con sus oraciones”.

De la carta que el rector del seminario,

Dr. D. Emilio Abascal Salmerón, Pbro.,

envió al P. Darío con motivo de su ordenación sacerdotal.

“El carácter del padre era amable, afectuoso, sencillo. Pasaba mucho tiempo en el confesionario”.

Summ., Testigo V,  11, § 22

“Por los comentarios de los que habían participado en el atentado, supe que era imposible que el sacerdote hubiera salido con vida, pues los policías vestidos de civiles encargados de cometer el crimen, a las órdenes del cabo de apellido Aguirre, todos con negro historial de crímenes, se dividieron para entrar al templo de la Asunción”.

Ángel Ojeda Luna, de la policía secreta

“Como el padre Darío estaba impartiendo catecismo cuando los vio cerca de los niños que recibían su lección, el sacerdote se dirigió a los policía indicándoles el camino  a la sacristía y cuando intentó hacerlos pasar le dispararon por la espalda. Todo lo anterior me lo contaron mis dos compañeros en detalle”.

 

Ángel Ojeda Luna, de la policía secreta

 

 BEATO JOSÉ SÁNCHEZ DEL RÍO, LAICO. MÁRTIR

 “Supimos que le quitaron los zapatos cuando lo sacaron de la parroquia y le rebanaron las plantas de los pies para ver si así se arrepentía de gritar ¡viva Cristo Rey! y en su lugar gritara ¡viva el supremo gobierno!, pero él siguió gritando: ¡Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe! Él no se rindió”.

Summ., Testigo XVII, 36, § 101.

“En el camino al cementerio, los soldados le daban puñaladas, José gritaba más fuerte: ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! Y lo seguían apuñalando. Luego le dieron el tiro de gracia”.

Summ., Testigo II, 8, § 18; Testigo XXV, 54, §155;

Testigo XVIII, 39, § 111; Testigo V, 16, § 40.

 

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