Sistema de Información de la Arquidiócesis de Guadalajara

Testimonios

TESTIMONIOS SOBRE LOS SANTOS MÁRTIRES

Los testimonios que presentamos sobre los Santos Mártires Mexicanos, están tomados de la Positio  Magallanes et Sociorum Martyrum, Vol. II, y Testigos I, II y III. Cabe recordar que los testigos, bajo juramento, han declarado decir la verdad a cerca de lo que se contiene en dichos libros.

Hemos seleccionado solamente algunos de los numerosos testigos, para tener una idea de cómo los vieron quienes los conocieron o escucharon hablar de ellos.

 Además de los testigos, de algunos Mártires presentamos fragmentos de cartas o diario personal.

 

San David Galván Bermúdez, Pbro. Mártir

“Tras su conversión despreciaba las cosas del mundo, se demostró un personas constante en las situaciones duras y adversas”.

Superiores del Seminario Mayor de Guadalajara

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, II,

Informatio,146-147; Summ, 118, & 409

“Eran los últimos meses de 1914. Estando en Amatitán, Jal., el teniente Enrique Vaca arrestó al padre Galván. Lo llevaban preso a Tequila, y me ofrecí  a  acompañarlo. En una oportunidad le sugerí al padre se escapara, pero él se negó. Luego lo llevaron preso a Ameca, después a Guadalajara, allá lo dejaron libre en diciembre de ese año”.

Juan González Mercado

“El 30 de enero de 1915, el padre Galván me invitó acompañarlo a confesar a los revolucionarios heridos en los combates, me negué hacerlo diciéndole que él no era el párroco ni ministro encargado.  Él padre Galván me respondió: ‘No por obligación, sino por caridad’. Le advertí que era peligroso salir. Se alejó diciendo: ‘¡Qué mayor gloria que morir salvando un alma, a quien acabo de absolver’”!

Rafael Zepaeda Monraz, Pbro.

El P. David invitó al P. José María Araiza a confesar heridos revolucionarios. “Al pasar por un cuartel les preguntaron los soldados si eran frailes. ‘Sí, somos sacerdotes’, les contestaron los dos. Los detuvieron. (…) Los dos sacerdotes encarcelados se confesaron (…) El padre Araiza dijo al P. David que lamentaba estar en ayunas. ‘No importa, nos vamos a comer con Dios’”.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, I, Informatio, 150-151; II, Summ, 109, & 380

“Antes de morir, el padre David entregó las pocas monedad que tenía a los soldados (…) Se quitó el sombrero y no quiso que le vendaran los ojos. Murió de pie, indicando  a los soldados que le dispararan al corazón y no a la cara. Mandaba el pelotón un subteniente llamado Martín del Campo”.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, I, Informatio, 150-151; II, Summ, 109, & 380

 

San Luis Batis Sainz, Pbro. Mártir

“… era ejemplar, bueno, alegre. Ya a las seis de la mañana estaba en la capilla y todos los días nos daba las pláticas y nos confesaba; se prestaba a que le tuviéramos confianza”.

Juan Alcázar

“… era muy equilibrado, dueño de sí, justo y bondadoso. Tenía todas las cualidades que pueden adornar a un hombre. Trataba con mucha bondad a todos. Era enérgico, nunca violento, era todo bondad”.

Sra. Villa Muñoz.

“Había muchos niños en el catecismo, nos hacía unas jamaicas (kermeses) preciosas, gastaba el dinero para que nosotros pudiéramos comprar con nuestros boletos todo lo que había: dulces, tamales, juguetes, y él en medio de nosotros… jugando o acompañando a los puestos”.

Sr. Obispo Antonio López Aviña.

“Se levantaba temprano y rezaba mientras se llamaba a la santa Misa. Durante el día atendía a las personas en su despacho, confesaba enfermos y realizaba los trabajos que se ofrecían. Rezaba diariamente el rosario en el templo. Cuando acababa de merendar, se sentaba en un sillón y se ponía a rezar su rosario y cuando terminaba, con mucha frecuencia nos leía capítulos de la Sagrada Escritura, de libros de piedad. Tenía un altar en su recámara para rezar ahí”.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, vol. I, 221.

“Él nos hacía ver la grandeza del martirio, nos enseñaba que el martirio se recibe dando la vida por nuestro Señor; nos exhortaba a vivir nuestra fe a costa de la muerte. Esa expresión le era muy familiar, sobre todo en la fiesta de algún mártir decía: ‘Otro mártir. ¡Felices aquellos que dan su vida por Dios!”

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, vol II, 375

“Le decíamos el viejito santo, era muy espiritual, muy fervoroso y devoto de la Sagrada Eucaristía y de la Santísima Virgen María”.

Sr. Obispo D. Miguel García Franco

“Recuerdo la grata impresión que me hacía verle fervoroso, activo en el servicio y culto público y solemne en nuestra santa iglesia catedral, cuando junto s asistíamos a las solemnidades religiosas que allí tenían lugar; envidia santa me causaba su porte expedito, franco y alegre”

Pbro. Tomás Zaldívar

El padre Batis apoyaba a la juventud y les organizaba obras teatrales: “Teníamos también mucho vestuario para las fiestas dramáticas que organizábamos, pues teníamos grupos de aficionados de teatro y pusimos varias obras muy buenas que causaron impacto en la sociedad”.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, vol II, 386

“No tardan en venir unos soldados por mí. Miren, hijas, (se dirigió a las cuatro niñas huérfanas a quienes había dado ayuda) recójanse en sus recámaras. No vaya a llorar ni a decir nada. Yo vendré. Me van a llevar a Zacatecas mañana”. Muy sereno, se dispuso a rezar en su breviario, pero las chamacas perdieron la calma: “No quiero lloriqueos –les dijo-. Pídanle a Dios que me ayude, que me dé fortaleza”.

  Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, vol II, 415

“Los militares registraron la casa, encontrando al sacerdote recostado en su lecho. Cuando advirtió lo que pasaba, intentó incorporarse, pero de un empellón lo derribaron: ‘Qué valiente estás, qué sereno. Haber si así conservas la calma. Venimos por ti. Tú estás atropellando las leyes del general Calles. Has estado diciendo misas, bautizando y casando ocultamente’”.

  Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, vol II, 415

El teniente Blas Maldonado Ontiveros, “con insultos, palabras soeces y amenazas, pretendía el teniente que su víctima declarara quiénes estaban incoados en el complot de que se les acusaba. El padre Batis contestó que no había ningún complot, que las juntas eran simplemente de obreros, de los jóvenes de ACJM, etc.”.

David, tomo VII, septiembre 22 de 1965, n 58, 215.

En Puerto de Santa Teresa el señor Cura Batis y Manuel Morales fueron fusilados. “El señor Cura recibió el tiro en la frente, se dobló en cuclillas, elevó las manos al cielo y se desplomó, rodando por la ladera su sombrero panamá”.

Agustín García Barbosa.

 

San Manuel Morales, Laico, Mártir

“Su conducta fue ejemplar y su fe católica intensa, cultivando una esmerada vida sacramental y apostólica”.

TP, vol. VI, 1988

“Siendo adolescente ingresó como alumno externo del Seminario de Durango en 1911, al lado de su primo hermano, Heriberto Morales”.

Aidé del Perpetuo Socorro Morales Acosta,

(nieta de San Manuel Morales)

“Concluidos muy a duras penas  los estudios humanísticos, clausurado el Seminario Conciliar de Durango y ante las dificultades que podría acarrearle la irregularidad canónica de su nacimiento, Manuel declinó proseguir los estudios eclesiásticos, optando por avecindarse en Chalchihuites, al lado de su abuela”.

Aidé del Perpetuo Socorro Morales Acosta,

(nieta de San Manuel Morales)

“La vida conyugal le asentó. Era cariñoso, amable y atento  con su familia, buen esposo y padre; estimado por el vecindario”.

TP, vol. III, 631.

“Con sus ahorros, Manuel montó una panadería, frente al mercado, contratando a un tahonero, a un oficial y a un repartidor, en tanto él despachaba a los clientes y administraba el negocio”.

Leopoldo Nava Ruiz

“En una reunión  de la Acción Católica, el P. Batis  dijo: ‘Yo quiero ser Mártir, quiero morir por Cristo. ¿Quién de ustedes quiere acompañarme?’  ‘Yo?, dijo Manuel. ‘No –respondió el señor Cura-. Tú tienes hijos? Manuel respondió: ‘Mi Padre Dios los cuidará’”.

Agustín García, Natalia Valles, Consuelo Ibarra

“El pueblo tenía muy buena opinión de él. Fue el presidente de la Liga Nacional de Defensa Religiosa. Era muy responsable de los cargos que se le encomendaban”.

Ma. Soledad Hermosillo Salazar

En el mitin celebrado en Chalchihuites el 29 de julio de 1926, el primer orador y cabeza del grupo fue Manuel Morales, quien invitó a los asistentes a sumarse a la causa usando medios pacíficos:

“… os exhorto a pertenecer  sin temores a la Liga, cuyos medios de obrar en nada atacarían el respeto al Gobierno constituido. ‘Dios y mi derecho’ es nuestro lema. Dicha Liga sería pacífica (…)      A los cuatro vientos y con el corazón henchido de júbilo, gritemos: ¡Viva Cristo Rey y la Morenita del Tepeyac!

Ma. Soledad Hermosillo Salazar

“Manuel fue a la trastienda de la farmacia Guadalupe a reunirse con David Roldán, Salvador Lara, y los tres hermanos Pérez, para deliberar cómo conseguir la libertad del Sr. Cura. Allí fueron sorprendidos por los soldados”.

Herminia Pérez

 

San Salvador Lara Puente, Laico, Mártir

“Salvador fue cofrade  de la Hermandad de los Caballeros de Negro, que cada año, durante la Semana Santa, participan en las celebraciones en honor del Santo Entierro, tradición que hasta la fecha continúa”.

Carlos Lara, hermano del Santo

Salvador estuvo un tiempo en el Seminario. Enfermó y regresó con su familia: “En el seminario, Salvador se condujo como un buen compañero, de ejemplar conducta y profundas convicciones religiosas”.

Antonio López Aviña

“Era un joven serio, formal, de lo mejor del pueblo. Era piadoso. Todos en el pueblo lo estimaban. Asistía a Misa y comulgaba con frecuencia. Perteneció al grupo de la Acción Católica de la Juventud Mexicana”.

Alberto Hernández Saldes

“Era alegre, tratable, jovial, agradable en su trato. Un joven decente, tenía unas costumbres que no desdecían de su religión; de costumbres limpias”.

María Petra Olivas

“… no me explico por qué ese día que se los llevaron presos a ellos no se llevaron a más, si estaba la cárcel llena de presos.

¿Por qué eligieron nada más a ellos? Porque Dios los tenía destinados para el martirio”.

Laureano Casas Batis

 

San David Roldán Lara, Laico. Mártir

 

“Con su mamá era respetuoso, obediente; siempre le dio   su lugar. Tenía muy bonito modo, ese joven tenía costumbres morales.”

Alberto Hernández

“Fue un joven de costumbres muy buenas, él era de los mejores muchachos del pueblo. Apoyó con su trabajo a su familia porque su padre murió cuando él estaba chico.

En el pueblo se le consideró un joven bueno en todos los sentidos. Era respetuoso, atento y muy cristiano”.

María Soledad  Hermosillo Salazar

“El Sr. Gustavo Windel, quien administraba la mina El Conjuro, valoró el valor y talento de los primos David y Salvador… A David le confió el cargo de oficial mayor y, a Salvador, el de pagador”.

Juan Alcázar

“Fue novio de la cuñada de don Gustavo Windel, éste aceptaba dicha relación porque consideraba a David como un muchacho serio, de buenas costumbres, respetado en el pueblo y honorable”.

Carlos Lara, primo hermano del Santo

“Se distinguía por su piedad. Fue presidente de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana y de la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa. No le gustaba tomar vino. Era ordenado y decente”.

Leopoldo Nava Ruiz

“Cuando aprehendieron a David Roldán y a Manuel Morales era domingo, y entonces el pueblo se quiso amotinar con los soldados porque les pegaban a los muchachos pero los soldados dispararon sobre el grupo”.

Leopoldo Nava Ruiz

“… ellos eran unos primos hermanos amadísimos, (David y Salvador) todo hacían juntos (…) fue una afinidad increíble, era una convivencia completa y luego Dios los hizo que fueran compañeros de martirio”.

Carlos Lara, primo hermano del Santo

 

San Jenaro Sánchez Delgadillo, Pbro. Mártir

“Sus explicaciones a los niños de Primera Comunión eran muy vivas. Se preocupaba por la salvación de  las almas. Tenía buena disposición para ayudar a los moribundos, donde se encontraran”.

María de la Luz García Sánchez

Su ministerio lo ejercía cumplidamente. Hacía bien lo que se le encomendaba. Atendía bien los ranchos a pesar de estar distantes. Le gustaba predicar. Era asiduo para confesar. En su trato para con los demás era recto. Vestía elegante y limpio.

Guillermo Barrón Chavarín

Lloraba porque habían cerrado los templos y no había culto.  Era amante del orden y buen organizador de las fiestas religiosas. Moderado en la comida. Vivía pobremente. Limpio en su vestir.

Hilario Lepe Ruelas

“El P. Jenaro estaba consciente del peligro que corría de morir. Yo lo oí expresarse varias veces de esta forma: ‘Creo que en esta persecución van a morir muchos y quizá yo sea el primero’”.

Abel Sotelo Ramírez

“Era un hombre de fe y lo demostró en su ministerio. Se compadecía de las necesidades de los demás y trataba de ayudarlos”.

Abel Sotelo Ramírez

“Como a la media noche escuché mucha algarabía y malas palabras, me asomé por un hoyo y vi muchos soldados. Escuché que el padre, a quien iban a ahorcar dijo: ‘Bueno, paisanos, me van a colgar;  yo los perdono y que mi Padre Dios también los perdone, y siempre ¡que viva Cristo Rey’”.

Sra. Jovita García

“Los soldados jalaron de la reata  con fuerza y la cabeza del padre pegó en la rama del mezquite. Allí   lo dejaron colgado, y amenazaron a la gente con ahorcarla si lo descolgaban”.

Sra. Jovita García

“Lo mataron por ser sacerdote y por su fidelidad a la Iglesia. Recuerdo que leí en el periódico “David” que murió como mueren los santos, encomendando su alma a Dios y pidiendo perdón por sus verdugos”.

María de la Luz García Sánchez

 

San Mateo Correa Magallanes, Pbro. Mártir

“Mostró deseos de ser sacerdote desde que llegó a Guadalajara, tenía doce años de edad. Cuando ingresó al seminario fue apreciado por sus compañeros.

Quería a los pobres, a los niños y a los necesitados. Era paciente. Con sus familiares era travieso”.

Ma. Guadalupe Correa Magallanes, su hermana

“Se levantaba muy temprano para estar con el Santísimo antes de decir Misa”.

Ma. Guadalupe Correa Magallanes, su hermana

“Cuando estaba en San José de Llanetes, Zac., le decía que se viniera pero él no quiso venirse, me decía: ‘Se acerca la cuaresma y tengo que estar con mis fieles’”.

Ma. Guadalupe Correa Magallanes, su hermana

“Fue un sacerdote edificante; aunque no lo aceptaban en el pueblo, nunca manifestó nada. Fue muy cumplido. Amante de la pobreza. Ayudaba a los estudiantes pobres, era caritativo.

Frente a las dificultades que se le presentaban no sólo era animoso, sino muy esforzado”.

José Campos Mota

“No tengo el ánimo que tiene este hombre para sufrir, que espera el martirio con tanta conformidad”.

Padre Pedro Correa, de Nueva Rosita, Coah.

“El padre comprendió el peligro y aceptó ser aprehendido, no se escondió al llegar al Rancho. Se le fusiló por ser sacerdote, él lo comprendía perfectamente. En la cárcel de Durango alentó a los presos que estaban tristes, rezaron juntos el rosario”.

José Campos Mota

 

 San Julio Álvarez Mendoza, Pbro. Mártir

“Era amable, bondadoso, comunicativo y sencillo en su trato. Enseñó el oficio de sastrería y, la ropa que él hacía la repartía a los pobres; también enseñó  a las personas a hacer dulces para que se ayudaran económicamente”.

Sum pp. 182 -183

“Al siervo de Dios lo agarraron en el rancho de ‘El Salitre’, cerca de Aguascalientes. Él dijo a los soldados que era sacerdote y no tenía nada que ver con el Gobierno. El padre andaba con dos jóvenes y a los tres los hicieron prisioneros”.

Esteban Sánchez de Anda

“El general Amaro lo mandó matar a San Julián, Jalisco, para escarmiento. Porque San Julián fue el primer pueblo que se levantó para defender los derechos de Cristo contra el Gobierno de Calles”.

Esteban Sánchez de Anda

“Cuando viví en San Julián me di cuenta que habían matado a un sacerdote que se llamaba Julio Álvarez. Lo traían de Mechoacanejo, Jal., y lo acompañaba una persona. El Siervo de Dios intercedió por su acompañante para que lo dejaran libre; que sólo él era sacerdote. Y logró la libertad de su compañero”.

José Refugio Muñoz Márquez

 

San David Uribe Velasco,  Pbro. Mártir

 “En la parroquia de Teloloapan, Gro., se había desarrollado un problema grave sembrando la división entre los fieles. El párroco no aceptaba el cambio y no quería dejar el curato. Por eso el padre David fue enviado a ese lugar  para remediar la situación. En poco tiempo se vio el cambio al apaciguarse los inconformes”.

José García Uribe

“El P. David fue nombrado párroco de Iguala, Gro. Al mismo tiempo que la ciudad crecía materialmente, tenía organizada la masonería, secta opositora a la Iglesia católica. La designación del P. Uribe causó inquietud y desagrado entre los masones, porque conocían el dinamismo de su labor como sacerdote activo”.

José García Uribe

“Cuando se desató la persecución religiosa el padre David ya no pudo estar al frente de la parroquia de Iguala porque allí residían las fuerzas federales del Gobierno. Empezó a ocultarse, a disfrazarse, a salir de noche o de madrugada para ponerse a salvo; yo viví con temor de caer preso (lo acompañaba en su trabajo ministerial), mientras que él se mostraba tranquilo, calmado, con bromas como esta: ‘No falta mucho para que me trocen el buche’”.

José García Uribe

“Me lo encontré en Iguala y le dije: ‘padre, escóndase, están agarrando a los sacerdotes’. ‘No, a mí no me hacen nada’, me dijo”.

Juan Casarrubias Uribe

“Se tuvo que trasladar a la Ciudad de México, pero con el fin de mantener la fe a pesar de la persecución, desde México mandaba con frecuencia cartas a personas devotas, y redobló su trabajo cuando supo que en Tepecoacuilco de Cuellar, Gro., se estaba formando un grupo cismático”.

Andrés Ocampo Ocampo

“Nunca supe que se negara a atender enfermos y a confesar, más bien, en su parroquia era constante en atender confesiones. Dicen que era muy buen confesor y orador. Celebraba misa con devoción edificando a la gente”.

Felipe Soto Uribe

“Un día subí al tren y allí iba el P. David. Al llegar a Vidal, Mor., me bajé del tren y corriendo le fui a comunicar a mi papá porque el tren se iba. El padre sacó medio cuerpo (de la ventanilla) para decirle: ‘Adiós, Daniel, voy preso, pero si me pasan de Cuernavaca soy de vida, si no, hasta luego, no nos volveremos a ver’”.

Juan Casarrubias Uribe

“Yo supe que en su testamento (antes de morir) pidió perdón a Dios y perdonó a sus enemigos; y cuando supimos de su muerte todos nos pusimos a llorar”.

María Ocampo Vda. de Casarrubias

 

Santo Sabás Reyes Salazar, Pbro. Mártir

“Era muy querido por todos porque se prestaba siempre a servirlos y atenderlos; sólo era ‘corajudito’; pero era porque estaba enfermo y sus arranques duraban sólo un rato y después se serenaba totalmente. Recuerdo una vez en que celebrando misa a escondidas en la hacienda  ‘El Rincón’ (Jal.) nos comenzó a regañar fuertemente con estas palabras: ‘ya les he dicho muchas veces que pidan a Dios que yo sea martirizado, pero ustedes, orejones, no hacen caso’”.

José de Jesús Sotelo Pérez

“Todos los días rezaba su breviario paseando por la Iglesia, enseñaba la doctrina, confesaba, predicaba, era un gran sacerdote. Nunca se negaba ni ponía dificultades para auxiliar a los enfermos y en general para administrar los sacramentos”.

José de Jesús Sotelo Pérez

Algunos buenos vecinos le sugerían se fuera de Tototlán por el peligro que corría. El padre Sabás les dijo:

“Tengan fe. A mí me dejaron de encargado y no sale bien irme. Dios sabrá (…). Me ofrecen ayuda en otras partes, pero me dejaron y aquí esperamos, a ver que Dios dispone”.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, III,

Doc. Extraproc., 424, CCXXXVI.

“Los soldados gritaban enfurecidos: ‘¿Dónde está el fraile?’. En esos momentos apareció el padre Sabás y les dijo: ‘Aquí estoy, ¿qué se les ofrece?’. Lo amarraron. El padre les interpeló. ‘Bueno, y ¿yo qué debo? ¿Qué mal hice? ¿Por qué me amarran? El capitán contestó: ‘Con nosotros no se arregla nada, allá el general’”.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, III, Doc.

Extraproc., 428, CCXXXVI.

“Los soldados jalaban la soga que tenía en el cuello, le quemaron los pies con gasolina; hicieron una hoguera de olotes para que el humo lo ahogara; se burlaban de él y blasfemaban; le metían las manos y los pies en las brasas y en el fuego”.

Rita Contreras Villalobos y Félix Pacheco Padilla

“Vi que le pusieron unas sogas al cuello y lo tiraban al suelo. (Después de su muerte) encontré las manos quemadas de las palmas, como que lo quemaron con algún hierro caliente”.

Félix Pacheco Padilla

“Hombre, me pudo mucho matar a ese cura; ése murió injustamente. Le habíamos dado tres o cuatro balazos y todavía se levantaba y gritaba: ¡Viva Cristo Rey”.

Positio  Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, III,

Doc. Extraproc., 428, CCXXXVI.

“Lo mataron por odio a la fe y a la religión, por ser sacerdote”.

Ma. de Jesús Contreras Muñoz

 

San Román Adame Rosales, Pbro. Mártir

“En su tiempo se reconstruyó el hospital, ayudado por el P. Robles. Era muy piadoso y humilde, esto lo conocí por su conducta y manera de vivir, que nunca abrió los labios contra nadie”.

Rosendo Medrano Santoyo

“A mí me trataba muy amable (…) En una ocasión me dijo: ‘oye muchacho, tú ¿qué eres?, ¿adamista o roblista?’ (El pueblo estaba dividido, unos seguían al padre Adame y otros al padre Robles) Le contesté: ‘yo ni de Pedro ni de Pablo; yo soy de Dios’. ‘¿Cómo dijiste?’, volvió a preguntar, y yo le repetí. Entonces él, reflexivo, me dijo: ‘Ah muchacho, que apachurrón me diste’”.

Rosendo Medrano Santoyo

“Por su conducta, se deja ver que aplicaba las virtudes, y estaba bien fundado en ellas. A propósito de su castidad, sólo digo que nunca vi nada que pudiera manchar su virtud. En cuanto a su obediencia su observancia era segura. No supe que tuviera bienes raíces, ni le conocí afán por cosas de comercio; inclinado, eso sí, a favorecer a los pobres. Con las autoridades fue cauteloso, pues eran tiempos muy difíciles. Me parece que en humildad y prudencia sobresalía.”

José de Jesús Ruiz Vidaurri

“Tuvo celo por las almas, por su salvación. Lo digo porque en ese tiempo de persecución muchos sacerdotes abandonaron sus parroquias, cosa que no hizo el Siervo de Dios, pues continuó auxiliando a sus feligreses”.

José Hernández García

“Nunca manifestó rencor u odio para con nadie, aunque, en cierta ocasión, hasta le dejaron en la puerta del curato un asno con un saco de tortillas duras, con el letrero: ‘para que te vayas’; lo mismo de malas habladas y algunas injurias que algunas personas proferían contra él”.

Ramón González Pedroza

“Pasados dos días, (después de la detención del Sr. Cura Adame), lo sacaron del cuartel en cuerpo de patrulla y lo llevaron a la calle que va al panteón; esto fue como a las diez de la mañana, siendo yo testigo presencial. Como unos diez o quince minutos más tarde, oímos la descarga del fusilamiento, desde la esquina de mi casa o tienda, y pasados otros quince minutos vino Felipe González Gallo a decirnos que, por orden de Quiñones (el general que lo mandó fusilar), fuéramos cuatro vecinos a hacernos cargo del cadáver del Siervo de Dios”.

Jesús Limón González

 

San Cristóbal Magallanes Jara, Pbro. Mártir

“Tuve amistad con él cuando fui joven y lo traté mucho. De él recibía, como todos los jóvenes, consejos para la orientación de mi vida y en los casos difíciles siempre acudí a él en demanda de sus consejos”.

Margarito Ortega

“Celebraba la Santa Misa  con mucha devoción y alguna vez le vi derramar lágrimas a la hora del Pater Noster. Su caridad a Dios queda manifiesta en el espíritu de su piedad. Para con los pobres tenía siempre gran solicitud”.

Margarito Ortega

“Frecuentemente nos daba instrucciones para nuestra mayor formación espiritual. Entre sus obras materiales y de formación para el pueblo, organizó una banda de música, la construcción de la presa de la Candelaria y la construcción, en parte, del templo de Nuestra Señora del Refugio”.

Pedro Caloca Cortés

“Del Sr. Cura he de decir que tuvo una vida intachable, que sus mismos enemigos no podían censurarle nada… Era admirado y estimado, y con mucha frecuencia consultado por los sacerdotes de aquella región”.

Margarito Ortega

“Me consta que su vida estaba informada por la virtud de la caridad, pues se entregó por completo a favorecer a sus feligreses en todas sus necesidades, principalmente procurando la cultura de todos, por lo cual estableció colegios en la cabecera y un seminario auxiliar que ha dado muchos frutos”.

Pbro. Julián Hernández Cuevas

“Guardad íntegra e inmaculada la Fe Católica, Apostólica y Romana evitando con cuidado toda ocasión o peligro de perderla (…). Perdonad a vuestros enemigos y a todos los que os quieran mal, y no fomentéis odios ni rencores en el pueblo (…). Rezad con fervor y constancia (…) dedicaos diariamente al trabajo (…) respetad a las autoridades públicas (…)”.

Del testamento que escribió ocho meses antes de su muerte.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, I, Informatio, 128 – 129;

III, Doc. Extraproc., 48-49, XXVIII.

 

 

San Agustín Caloca Cortés, Pbro. Mártir

 

“Estuvo en Guadalajara en el Seminario Conciliar; pero llegó la revolución de Carranza, se suspendieron las clases, quitaron (clausuraron) el edificio y Agustín tuvo que regresar al seno de la familia. Pasado un año pasó el Sr. Cura Magallanes y lo invitó para que fuera a Totatiche en donde pensaba fundar un Seminario auxiliar”.

Pedro Caloca Cortés, hermano del Mártir

 

 

“Llevaba una vida de piedad, de estudio y alegría, y era en todos los aspectos de su vida intachable. Su alegría era suma. Era muy humilde en su modo de ser y de obrar”.

Margarito Ortega

 

 

“Brillaba principalmente por la obediencia y docilidad hacia sus superiores, y la modestia”.

Domitila Sánchez Valdez

 

 

“Después de ordenado, por instancias y súplicas del Sr. Cura Magallanes, el Sr. Obispo Orozco y Jiménez se lo concedió como ministro en Totatiche (Jal.), que fue  su primer y último destino”.

Pedro Caloca Cortés, hermano del Mártir

 

 

“Ya ordenado sacerdote, el primer año de vacaciones dio misiones en las rancherías; en otro año organizó una semana social a la que concurrieron varios sacerdotes al Teúl, Zacatecas, y entonces se procedió a fundar cooperativas y cajas rurales Raiffeisen para los agricultores”.

Pedro Caloca Cortés, hermano del Mártir

 

 

“Cuando huíamos al Rancho de Santa María el P. Caloca me dijo: ‘Jesús, víctima inocente, quiere víctimas voluntarias para que se dé gloria a Dios y se pague por tantos sacrilegios y tanta maldad (…) Ojalá nos toque a nosotros’. Él estaba dispuesto a morir por Cristo”.

Rafael Haro Llamas, seminarista en esa época.

 

 

“Yo tenía mucho miedo, entonces el padre me dijo: ‘Es natural que se sienta miedo, pero si Jesús sufrió angustia, tristeza y pavor en el huerto, Él sabe infundir ciertamente alegría y valor para morir por Él. No te preocupes; a ti no te pasará nada. Baja, busca alguna piedra para que escondas los libros, pues no conviene que nos encuentren con ellos’. Fui a esconder los libros, en ese momento los soldados se encontraron con el P. Caloca y lo llevaron detenido, yo pude escapar”.

Rafael Haro Llamas. Seminarista en esa época.

 

 

San José Isabel

Flores Varela, Pbro.

 

“(…) A la edad de quince años, como quería entrar al Seminario, mi abuelo lo acompañó a pie, desde el Teúl, Zacatecas, (…) a Guadalajara, Jalisco. (…) Pero como no tenían los medios económicos necesarios para ingresar al Seminario, mi abuelo lo dejó encargado con una señora que vendía cena. Así lo platicaba mi madre”.

Ma. Concepción Pérez Flores de Saldaña (sobrina del Mártir)

 

 

“En Matatlán (Jal.) la gente lo quería y apreciaba. Se daba a valer y a respetar. Era recto, íntegro, aunque enérgico y bondadoso. Nunca lo oí disgustado”.

Vicente Pérez Flores (sobrino del Mártir)

 

 

“Era desprendido de sí mismo, de honores y riquezas materiales. Las ayudas que recibía las encauzaba a su fin”.

Lino Murguía Mendoza

 

 

“(…) Ayudaba al necesitado defendiéndolo de algunas arbitrariedades. Era justo con quienes le ayudaban, les daba trato como si fuera su familia (…)”.

Lino Murguía Mendoza

 

 

“El que lo denunció fue Nemesio Bermejo. Lo hizo por quedar bien con el Gobierno. Lo denunció informando al Sr. Rosario Orozco, que era el presidente municipal de Zapotlanejo, Jal., que iba a celebrar una Misa a una ranchería llamada ‘Colimilla’ (Jal.) El odio contra la Iglesia movió a Rosario Orozco a ir contra mi tío. Las circunstancias eran terribles para la Iglesia. El estado de Jalisco fue el más atacado.

Toda denuncia equivalía a una ejecución”.

Vicente Pérez Flores (sobrino del Mártir)

 

 

“El día que lo tomaron preso salió de mi casa, yo estaba allí, como a las tres o cuatro de la mañana, dijo que iba a celebrar misa a un rancho llamado ‘Colimilla’ (Jal.). Él salió solo, nunca quería que nadie lo acompañara, creo yo que por no poner en peligro la vida de otra gente”.

Venancio Orozco Pérez

 

 

“Los verdugos lo querían ahorcar, hicieron el intento, pero al ver que no moría, mi tío les dijo: ‘Así no me van a matar’. Entonces ordenaron a uno que lo matara, pero éste no quiso mancharse las manos, porque había sido bautizado por él. Entonces el jefe, de un tiro le quitó la vida al que se negó a obedecerle y le dijo: ‘Vete por delante de él’. Un matancero, amigo de Rosario Orozco, se lanzó sobre el Siervo de Dios y con un cuchillo le cortó la cabeza”.

Vicente Pérez Flores

 

 

“Los que traían al Siervo de Dios eran como tres o cuatro; yo conocí a Anastasio Valdivia, no venía Rosario Orozco, sino que él les mandó; esa maña tenía. No pudieron ahorcarlo. Quisieron fusilarlo pero las armas no dieron fuego. Entonces un hombre grandote y pesado, de nombre Anastasio Valdivia, que era cuico o comandante de Rosario Orozco, lo degolló”.

José Jesús Nuño

 

 

 

San José María Robles Hurtado,

Pbro. Mártir

 

“Juan: yo aquí desde el 15 pasado comencé a estar enfermo del estómago,  el día primero me comenzaron unos fríos algo fuertes. Me dan a diario, y van dos veces que me dan dos al día con mucho dolor de cabeza.

Además, siempre que fijo la vista me duelen mucho los ojos, y comienzo a ver marañas. Por esta razón ya no puedo estudiar, y me llevan mucho “corral” (ventaja), que tal vez no podré rehacer, pues mientras he estado malo, no he ido    a clases”.

Carta del joven seminarista José María a su hermano Juan el año escolar 1903-1904

 

 

“Amados padres: mi vocación al sacerdocio, mi gran deseo de consagrarme y de servir al Señor, me ha hecho que yo me decida definitivamente a tonsurarme este año. Lo que os pido… es que me deis vuestro permiso y bendición. No me vayáis a poner resistencia diciéndome que estoy chico…”.

1º de noviembre de 1904, carta a sus padres.

 

 

“Comenzaré la presente felicitando a usted y a toda su apreciable familia por el gusto que van a recibir con el regreso de José María a Guadalajara… De aquí partirá el 29 del mes en curso (julio de 1908). El motivo de regreso no fue mi voluntad, ni la de él… Al dar a usted las gracias por haberle permitido que viniera, le doy cuenta de que su hijo ha observado aquí muy buena conducta, y me prestó eminentes servicio…”.  (Su regreso fue porque tenía que presentar exámenes).

Carta escrita por el Señor Obispo Ignacio Plascencia

a Doña Petronila (mamá de José Ma.)

 

 

“Contesto tu muy grata del día 6 de junio manifestándote que me ha causado mucha pena ver que te sientes desalentado y como abrumado de tu padre y prelado. Estás en un error, y te lo aseguro, porque estoy plenamente satisfecho de toda tu labor y las obras que estás desarrollando en esa parroquia, llevado de celo sacerdotal que te anima…”.

Carta del Sr. Arzobispo Francisco Orozco y Jiménez,

20 de junio de 1921

 

 

“Como párroco cumplió con todo fervor, con entusiasmo, alentando las diversas asociaciones de la parroquia; también tenía la escuela parroquial que atendían sus religiosas (Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado), atendía también a los obreros y fundó la Hora Santa de vísperas del viernes primero, de once a doce de la noche en donde enfervorizaba a cuantos asistían”.

Silvina Michel Rubio vda. de García de Alba

 

 

“Cumplió sus obligaciones del estado clerical con toda rectitud y provecho, teniendo como diez asociaciones a las que atendía debidamente”.

Juana Santana Castillo

 

 

“Se dedicaba a la oración con todo fervor. Para los enfermos tenía una especial predilección pues les administraba los sacramentos, y a un enfermo de tuberculosis que tenía en el hospital, él lo sacaba en brazos al sol y con su pañuelo le enjugaba el sudor”.

Sor María de los Ángeles del Santísimo Sacramento

 

 

“Para nosotros era un modelo en todo, principalmente en el sufrimiento: brillaban en él las tres virtudes (teologales), pero principalmente en la caridad hacia Dios y hacia el prójimo, haciendo el bien a los enfermos, a los pobres, a los niños en las escuelas”.

Silvina Michel Rubio vda. de García de Alba

 

 

“Nosotros los creyentes perseguidos,

en un alma fundidos,

soldados de las filas de la ‘Unión’,

dispuestos a la lucha y a la muerte,

santa, divina suerte,

mostramos al verdugo el corazón.

Hiérelo, impío; que hiera sin temor…

Nunca su fe, su libertad, su cielo,

de expirar su consuelo

¡por Dios, por su patria, por María! …”.

De la poesía titulada IMPOSIBLE, publicada el 1º de octubre de 1926

 

“Quiero amar tu Corazón,

Jesús mío, con delirio,

quiero amarte con pasión,

quiero amarte hasta el martirio.

Con el alma te bendigo,

mi Sagrado Corazón.

Dime, ¿se llega el instante

de feliz y eterna unión?

Tiéndeme, Jesús, los brazos,

pues tu pequeñito soy;

de ellos, al seguro amparo,

a donde lo ordenes voy…

Al amparo de mi Madre

y de su cuenta corriendo,

yo, su pequeño del alma,

vuelo a sus brazos sonriendo”.

 

Un padre que espera a sus hijos todos allá en cielo.

Pbro. José María Robles

Sábado, 25 de junio de 1927

O p E C J

(Omnia pro Eucharistico Corde Jesu)

Iniciales que usaba en todos sus escritos.

 

 

“(…) Lo llevaron al lugar del suplicio, a la sierra de Quila (Jal.), allí un compadre suyo iba a ponerle la soga, pero él le dijo: “no compadre, no te maldigas”; y así él mismo se puso la soga en el cuello y allí fue sacrificado”.

Félix Serrano Gómez

 

 

 

San Miguel De la Mora De la Mora,

Pbro. Mártir

 

“(Las relaciones del P. Miguel con sus familiares) eran muy íntimas, muy estrechas, muy buenas. Siempre él reconoció a su familia y convivió con ellos (…) Era una persona muy afable. Yo lo conocí  también en su manera de ser. Bueno, un hombre sacerdote pero cristiano también”.

Virginio García Cisneros

 

 

“(En Colima) lo visitaban muchas personas (…) todos los días y muy caritativo con todas las personas. (…) Siempre estaba con él la mamá, la mamá Margarita y mi tía María. Ellas lo acompañaban en donde él estaba. A mí me admiraba que llegaran siempre padres con él a confesarse unos a otros. (…) me acuerdo que cuando iban a solicitar sus servicios con voluntad lo hacía”.

Alfredo De la Mora De la Mora.

Sobrino del Mártir. Vivió en casa del padre

 

“Lo querían muy bien (sus empleados). Les pagaba y lo que necesitaban les proporcionaba. (…) Yo recuerdo que era activo. Le gustaban las cosas pronto. Y si gritaba no era de extrañar, pues los De la Mora gritamos todos. ¡A mí me dicen que si estoy enojado! No; así hablamos. Así que a lo mejor él también así hablaba”.

Alfredo De la Mora De la Mora

Sobrino del Mártir. Vivió en casa del padre.

 

 

“Allí, en su casa (…) hizo un oratorio, y tenía santos y él allí hacía oración. Se levantaba en la madrugada y se iba a hacer oración”.

Alfredo De la Mora De la Mora

Sobrino del Mártir. Vivió en casa del padre.

 

 

“(…) Aquí, en Colima (…) hubo una reunión, una Hora Santa con todos los sacerdotes y el Sr. Obispo, allí estaban delante del Santísimo expuesto. Se dio libertad a todo mundo para que hablara y diera su opinión, fuera en bien, fuera en mal, en pro o en contra de las cosas y todo mundo aceptó que se cerraran los cultos y que viniera lo que viniera, aceptaban: estrecheces, hambres, lo que fuera; pero ellos        se declararon sacerdotes de la Iglesia Católica.

Virginio García Cisneros

 

 

“Entonces el Gobierno los declaró rebeldes y les decretó  (prisioneros, dándoles) la ciudad por cárcel, para estarlos llamando de uno por uno al juzgado (…)”.

Virginio García Cisneros

 

 

“(…) El P. De la Mora, junto con  los demás sacerdotes diocesanos firmaron un escrito de protesta hacia aquellas leyes y de adhesión a la Jerarquía Eclesiástica, una de cuyas frases finales es la siguiente: “Rechazamos con anticipación el dictado de rebeldía; no somos rebeldes sino simplemente sacerdotes oprimidos que no queremos ser apóstatas”.  (Abril de 1926)

Virginio García Cisneros

 

 

“Desde que el general dijo que lo iba a fusilar tomó el rosario, lo sacó de la bolsa del saco, y empezó a rezar. Tenía el rosario en la mano, (…) Cayó con él, con el rosario en la mano”.

Alfredo De la Mora De la Mora

Sobrino del Mártir. Vivió en casa del padre

 

 

“(Lo cogieron preso) en Cardona (Colima). Por allí iba al rancho. De allí los regresaron (al padre y a su hermano) y los llevaron al cuartel (…). Allí fue donde lo fusilaron. (…) Mi papá comentaba que tal vez mi tío le haya iluminado porque en ese momento que fusilaron a mi tío pudo mi papá hablar y les dijo: ‘Bueno, a mi hermano lo fusilaron porque era sacerdote ¿y a mí? Y entonces le dijo el militar: ‘Pues si nos dice usted la verdad, le salvo la vida’ y dijo mi papá: ‘Yo no tengo inconveniente, ¿por qué no?  Porque ni mi papá ni mi tío, fue cristero ni se relacionó con ningún cristero”.

Esperanza De la Mora De la Mora

Sobrina del Mártir. Vivió en casa del padre

 

San Rodrigo Aguilar Alemán,

Pbro. Mártir

 

“En su predicación destacaba el fervor, la caridad, la fe. Yo lo veía y escuché varias veces.

Padeció la persecución que padecieron todos los sacerdotes, por la ley persecutoria del presidente Calles contra la Iglesia, y en especial lo persiguió un sujeto llamado Donato Aréchiga; según se dice, porque el Sr. Cura Aguilar alguna vez no lo quiso casar, por ser ya casado, y le guardó rencor”.

Donato Díaz Alcocer

 

 

“Sé que el señor Cura Aguilar, cuando llegaron los soldados del general Izaguirre que traía federales y agraristas, estaba en el colegio, creo que en un examen de filosofía o teología del padre José Garibaldi…

Al saber que llegaban los soldados huyeron todos y solamente fue aprehendido el señor Cura Aguilar porque no podía correr. Fue llevado al Seminario, y allí lo vi yo, como a las cinco de la tarde del 27 de octubre de 1927”.

José Trinidad Monroy

 

 

“Sé que el general Izaguirre lo dejó libre al padre Aguilar, pero intervinieron Donato Aréchiga y un señor que apodaban El Zorrillo, y estos se interesaban, por algún agravio, a que siguiera preso.

Al día siguiente un amigo me dijo que el señor Cura estaba colgado en un árbol de mango de la plaza y entonces vine a verlo; estaba descalzo, sin saco, con camiseta, pantalones y con un sombrero de paja puesto de  lado; el nudo de la soga lo tenía en la nuca”.

Juan Ponce Ramos

 

 

“La causa fundamental de la muerte del Sr. Cura Aguilar, fue: por ser sacerdote católico; por la ley de Calles que desató una persecución religiosa en todo México y aquí le tocó al padre Aguilar”.

Juan Ponce Ramos

 

 

“En Sayula (Jal.) dirigió el Apostolado de la Oración con celo. En Zapotiltic (Jal.) fundó unos círculos de estudios y fomentó los ya fundados. No recuerdo si algo notable hizo”.

Elvira Aguilar Alemán viuda de Ibáñez.

Hermana que lo acompañó casi en todo su ministerio.

 

 

“Cumplía bien sus obligaciones sacerdotales. Visitaba todas las noches, por largo rato el Santísimo; era muy devoto de este Misterio”.

Elvira Aguilar Alemán viuda de Ibáñez.

Hermana que lo acompañó casi en todo su ministerio

 

 

“Era muy caritativo, socorría a los necesitados. No soy capaz de decir si sobresalió en alguna virtud                        en particular. Cumplía los deberes propios de párroco y por eso se atraía la simpatía de todos, en los destinos que tuvo. Soy testigo de la prontitud con que cumplía  sus deberes”.

Elvira Aguilar Alemán viuda de Ibáñez.

 

 

San Margarito Flores García,

Pbro. Mártir

 

 

“Viví cerca (de la casa de la familia de Margarito  en Taxco) y sabía que era un estudiante muy responsable, obediente y conforme con la pobreza de sus padres”.

Brígida Pichardo de Guizado

 

 

“(…) Yo conocí al Siervo de Dios joven, como de 14 años, (…) era una persona muy humilde, muy educada, buena persona, tanto él como sus familiares”.

Guadalupe Galindo Lugo

 

 

“(…) Sus padres eran muy pobres y con trabajo le habían podido conseguir $ 35.00 para su inscripción en el seminario. Traía su dinero en billetes que llamaban ‘carranclanes’ y aquí (en Chilapa) no tenían ningún valor, así es que no lo aceptaron. Volvió a la casa y se puso a llorar lamentando el incidente. Salió mi tío y le preguntó por qué lloraba y él le contó lo sucedido.

En ese momento acertó a pasar la Sra. Raquel de Loya, y al verlo llorar con tanto sentimiento, se informó también lo que pasaba y le dijo: ‘No llores, espérame un ratito’. Y volvió trayéndole los $35.00 en plata. Él se puso muy alegre pensando que ya se iba a quedar”.

Guadalupe Cuevas Ramírez

 

 

“No recuerdo por qué no asistimos a su Ordenación. Lo cierto es que no nos olvidó y seguía llegando aquí. Era muy ordenado  y trabajador, no recuerdo cuanto tiempo estuvo aquí; lo que sí recuerdo es que era muy correcto y comedido”.

Guadalupe Cuevas Ramírez

 

 

“Cuando salieron de aquí los padres, durante la persecución religiosa, el padre (Pedro Héctor) Bustos y el padre Margarito, se fueron a refugiar a Tlalchichila (Gro.), en un rincón, y allá estuvo mi mamá asistiéndolo, dándoles alimentos. Decía que el padre Margarito se levantaba muy alegre, chiflando o cantando himnos y el padre Héctor no hablaba, estaba muy triste (…).

Cuando arreció la persecución mi mamá les hizo itacates (cestas con comida), como se acostumbraba, y un primo mío, que se llamaba Bonifacio Aranda los fue a dejar hasta Toluca (Estado de México) por tierra, los llevó disfrazados con sombreros viejos como pobrecitos”.

Rosa Trujillo Aranda

 

 

“(…) Y siguió caminando por el corredor para la cocina (el padre Flores en casa del Sr. Giles). Allí estaban mis hermanas; llegó el padre y les dijo: ‘¿Por dónde puedo salir sin que lo sepa el Gobierno?’ Entonces sacó del bolsillo una libretita y el reloj y los puso en un lugarcito. En ese momento tocaron a la puerta los soldados y preguntaron: ‘¿Dónde está el señor que acaba de entrar aquí?’. Se metieron de inmediato, llegaron a la puerta de la cocina y se lo llevaron. El padre no puso resistencia (…) Después, por orden del capitán Manzo, que era el jefe, volvieron para llevarse a mi papá”.

Fabián Giles Rebolledo

 

“(El capitán Manzo y los del Gobierno) esa noche no durmieron; nada más esperaron que quedara en silencio la noche y se trajeron al Siervo de Dios a Tulimán, (Gro.), de donde había salido el guía que lo había traído. Luego, al día siguiente fue la ejecución”.

Fabián Giles Rebolledo

 

 

“El comisario se llamaba Cruz Pineda. Al día siguiente trajeron preso al padre desde Atenango del Río.  El comisario también fue fusilado por el delito de haber proporcionado un guía que llevara al padre hasta Atenango”.

Salomón Rendón Pineda

 

 

 

San Pedro Esqueda Ramírez,

Pbro. Mártir

 

“Me consta que el Siervo de Dios, padre Esqueda, aprovechó sus estudios en la escuela y observó buena conducta.

Fue muy devoto del Santísimo Sacramento y de la Santísima Virgen María, particularmente  de la Virgen de Guadalupe”.

Victoria Esqueda

 

 

“(Ya de sacerdote) fue dedicado, distinguido en la enseñanza del catecismo con los niños. Fue caritativo con los pobres e ignorantes en religión. Fue prácticamente servicial en la atención de los enfermos, de cualquier clase o condición social que fueran. No fue avaro, ni impuro, ni criticado sobre el particular”.

Victoria Esqueda

 

 

“Gozó de buena reputación entre los fieles. Fue celoso en el ministerio sacerdotal, prácticamente                       en el catecismo. Fundó el Círculo Social Santa María de Guadalupe, para la formación social                 y catequística de las señoritas”.

María Zermeño

 

 

“Sufrió (las) molestias y tormentos que le dieron antes de morir, en silencio, manifestando tranquilidad de ánimo al salir para el lugar del tormento”.

Victoria Esqueda

 

 

“(…) Me dijeron que en el lugar donde lo martirizaron, los soldados querían que subiera a un árbol que tenía en sus ramas una cantidad de rastrojo, con intento de que muriera quemado, no pudiendo subir          a dicho árbol, porque le habían fracturado un brazo, dándole muerte al pie del árbol”.

Hilario de Anda

 

 

“Era sumamente amable con los fieles, particularmente con los pobres, que frecuentemente lo buscaban. Jamás se llegó a criticar su persona en materia de castidad, siendo completamente desinteresado, y vivió humildemente”.

María Zermeño

 

 

“Acabando de tomarlo preso lo vi con la cara ensangrentada (…) Durante los 5 días que estuvo preso lo golpearon muchas veces”.

Rafaela Gutiérrez

 

 

 

San Jesús Méndez Montoya,

Pbro. Mártir

 

“En alguna ocasión, el hermano de la Srta. Atilana, seminarista Jesús Méndez, me dio la clase para conocer las letras (…) Él era blanco y delgadito y ligeramente picado de viruela, y tenía una vocecita muy finita”.

Francisco Ayala Méndez

 

 

“A los ranchos iba a la hora que fuera, a confesar a los enfermos; a caballo o en burro venían por él y lo traían. Él no tenía caballo; sólo un carrito tirado por bueyes”.

Nicolás Vargas Ramírez

 

 

“Daba clase a unos niños, preparando un coro, porque le gustaba mucho la música”.

Socorro Vargas Rico

 

 

“Visitaba a las familias y les dejaba alguna caridad a los pobres; hacía el sacrificio porque él también estaba pobre. No tenía ninguna forma de ganarse la vida económicamente. Estaba dedicado a su ministerio. No le interesaba lo material”.

Socorro Vargas Rico

 

 

“Atendía espiritualmente a la Asociación de Obreros, Doctrina Cristiana para niños, Hijas de María, Vela Perpetua. Los que íbamos a hacer guardia al Santísimo todos cantábamos. Los jueves celebraba una Hora Santa a las 7:00 p.m., exponiendo el Santísimo”.

Narciso de la Cruz Plaza

 

 

“(…) Vivía el padre con sus familiares: su mamá, sus hermanas, y su hermano Domingo que era sacristán. Sus hermanas trabajaban en la máquina de coser y su mamá en la casa”.

Isidro Mendoza Mosqueda

 

 

 

Santo Toribio Romo González,

Pbro. Mártir

 

 

“Fue bastante obediente ya desde la familia, no tuvo rebeldía hacia los padres y ayudaba a los más chicos”.

Román Romo González, Pbro.

(Hermano del Mártir)

 

 

“Conocí al Siervo de Dios desde niño en la escuela, y desde el rancho donde vivían. Acerca de su educación religiosa, su familia ha sido siempre muy cristiana, sobre todo una hermana de él. Como acólito era muy devoto. En todos sus estudios fue siempre muy aprovechado, y puedo decir que en instrucción religiosa estuvo siempre en primer lugar”.

José J. Cornejo Gallo

 

 

“En su juventud el Siervo de Dios fue piadoso (…) Entiendo que era casi de comunión diaria, cuando le era posible, en vacaciones se confesaba al menos cada ocho días, y en el Seminario comulgaba a diario”.

José J. Cornejo Gallo

 

 

“De joven el Siervo de Dios era piadoso, obediente y alegre, jovial, y ya desde chico daba instrucción religiosa”.

Matías Cornejo González

 

 

“Era devoto de la Santísima Virgen. (…) Había en casa un oratorio y ya desde filosofía promovió la construcción del pequeño templo dedicado a Virgen en el rancho de Santa Ana de Guadalupe (Jalisco)”.

Román Romo González, Pbro.

(Hermano del Mártir)

 

 

“Respecto a su espíritu de sacrificio o penitencia él procuraba dejar los alimentos mejores para nosotros, y en tiempo de la persecución de Diéguez promovió actos públicos de penitencia”.

Román Romo González, Pbro.

(Hermano del Mártir)

 

 

“El Siervo de Dios tenía (…) la fe, porque nos la infundía en su predicación y en la instrucción religiosa. También tenía la virtud de la esperanza; decía: ‘para ganarnos el cielo necesitamos trabajar aquí’ (…)”.

Andrea Landeros de la Rosa

 

 

“Tenía mucho amor a Dios y al prójimo, y él ansiaba tener la posibilidad de socorrer a los pobres. Era también muy prudente”.

Andrea Landeros de la Rosa

 

 

“Su predicación gustaba. (…) Su instrucción religiosa no sólo era para niños, sino también para adultos. Atendía con especial cuidado a los enfermos y pedía a sus ayudantes que nunca lo negaran para esto. Se preocupaba por los pobres”.

Victorina Landeros de la Rosa

 

 

“Tenía en general todas las virtudes (particularmente) la caridad para todos, pero en especial para los niños, los jóvenes y los obreros. Era caridad y no filantropía, porque todo lo hacía por amor a Dios. Tenía mucha prudencia incluso con los compañeros; aunque le hacían bromas pesadas, sólo decía: ‘Oh, que muchachos’”.

José J. Cornejo Gallo

 

 

“Desde que lo conocí siempre brillaron en él las virtudes: obediencia, discreción, etc. Era muy austero, recogido y mortificado. Su modestia nos llamaba la atención’”.

José Sánchez Contreras

(Compañero en el Seminario)

 

 

“En el Seminario todos apreciaban su obediencia, solamente un profesor se quejó de él. En una casa contigua al Seminario había una señorita que importunaba a los seminaristas y una vez, por sacarle algún susto a ella, el Siervo de Dios grito: ‘Pachita, ahí van  los ratones’ y por esto, tal profesor llegó a castigar corporalmente al Siervo de Dios”.

Román Romo González, Pbro.

(Hermano del Mártir)

 

 

“En Yahualica (Jalisco) creo yo que fue donde más se esforzó por el catecismo y los obreros, pero al mismo tiempo, donde tuvo sus mayores fracasos. Digo ‘fracasos’ por razón de que tanto celo y entusiasmo del Siervo de Dios originó las antipatías del párroco quien llegó, incluso, a prohibirle celebrar Misa, porque según oí decir a personas fidedignas, temía que le fuera a quitar la parroquia. Fue una dura prueba para el Siervo de Dios ya que aún en la Sagrada Mitra dieron oídos al párroco en contra de él; pero el Vicario Foráneo, párroco de Cuquío (Jalisco), le ayudó y trató con caridad hasta que quedó por fin destinado a Cuquío (Jalisco) ”.

Román Romo González, Pbro.

(Hermano del Mártir)

 

 

“Debo decir que era algo miedoso, pero jamás dejó de asistir a un enfermo cuando era necesario,                    a pesar del peligro”.

Román Romo González, Pbro.

(Hermano del Mártir)

 

 

“Se notaba siempre su fe profunda, su confianza en la misericordia de Dios, su esperanza cierta            de alcanza el cielo, etc. Eran virtudes que sentía y hacía sentir a los demás. Su esperanza se fundaba sobre todo en la misericordia de Dios y en la intercesión de la Santísima Virgen”.

Román Romo González, Pbro.

(Hermano del Mártir)

 

 

“Aceptó esta muerte por la fe, puesto que al aceptar el cargo de la parroquia de Tequila (Jalisco), en aquel tiempo, aceptaba implícitamente la muerte”.

José Sánchez Contreras

(Compañero en el Seminario

 

 

“El Siervo de Dios ciertamente aceptó la muerte por su ministerio cuando él recibió el oficio de nombramiento para Tequila (Jalisco) él dijo: ‘Si mi ministerio no ha tenido más mérito que el de la obediencia, creo que será en Tequila (Jalisco) ciertamente en donde la puerca torció el rabo’ (donde alcanzará su máximo)”.

Román Romo González, Pbro.

(Hermano del Mártir)

 

 

 

San Justino Orona Madrigal,

Pbro. Mártir

 

“Del Sr. Orona debo decir que, si bien, su carrera no fue brillante, en cuanto que descollara de los demás, sin embargo, era un buen estudiante, competente, con una cultura general bastante buena”.

Ignacio González Vázquez

 

 

“El señor Cura Orona, debo decir que trabajaba mucho y era muy obediente con sus superiores, era morigerado y austero”.

Juana Juárez de Gómez

 

 

“(…) todo el pueblo de Cuquío (Jal.) y sus alrededores, tuvo siempre al Sr. Orona en grande estima; yo nunca oí ni he oído, alguna opinión desfavorable al Sr. Cura. Todos lo consideran un buen párroco”.

Juana Juárez de Gómez

 

 

“Predicaba y daba catecismo a todos, atendía cuidadosamente a los enfermos, y administraba                  los sacramentos con asiduidad”.

Juana Juárez de Gómez

 

 

“… mi buen señor cura Orona, ¡pobrecito! Trepaba él las cercas y, como estaba tan gordo, se dejaba caer con tanto desequilibrio que rodaba por entre el lodo […] eso de ser uno perseguido es tan duro,       y trae la persecución tan gran cortejo de tribulaciones […] se sufre tanto, tanto”.

Escrito en el diario del P. Toribio Romo (Mártir), en el tiempo de la persecución religiosa.

El P. Toribio vivió con el P. Orona en Cuquío.

 

 

“Yo pienso que el Sr. Cura aceptaba plenamente el riesgo que suponía el ejercicio del ministerio. El P. ‘Toño’ Guzmán recibió una comunicación de (que iba a) arreciar la persecución. Él invitaba al Sr. Cura a retirarse, a lo que el Sr. Cura respondió: ‘Yo entre los míos, vivo o muero’”.

Serapia Loza Borgues

 

 

“(…) Caminamos a casa de D. Ponciano Jiménez que es donde se alojaban (el padre Orona y el padre Atilano Cruz), y la encontramos toda en desorden, y la gente llorando. Allí nos dijeron que: durante               la madrugada llegaron los federales y se metieron a la casa; unos tocaron a la puerta de la señora               de D. Ponciano y otros se fueron directamente a la pieza de los padres; allí gritaron: ‘Viva Cristo Rey’; el señor Cura se levantó y abrió la puerta contestando: ‘y Santa María de Guadalupe’. En eso                 le dispararon, quedando muerto en el acto; después mataron al hermano del señor Cura, que dormía      en el suelo, cerca de la puerta, y enseguida al P. Cruz, que dormía en otra cama de la misma pieza”.

Juana Juárez de Gómez

 

 

 

San Atilano Cruz Alvarado,

Pbro. Mártir

 

“Su primaria la hizo con mucho éxito; lo mismo los estudios del Seminario. No era un talento extraordinario pero sí era muy dedicado, y por eso sacaba bien sus lecciones”.

José Isabel Valenciano Rubalcaba

 

 

“Era muy piadoso y edificante, nunca reñía. Era mortificado, nunca se notaba en él ostentación alguna; su modestia era ejemplar. Sumamente obediente a los superiores y extremadamente observante del Reglamento, aun estando enfermo”.

José Isabel Valenciano Rubalcaba

 

 

“He oído decir que su ministerio lo realizó con beneplácito de su párroco y de la feligresía.  Me consta del grande celo que lo animaba, y del valor con que arrostraba los peligros constantes en que se desenvolvía su ministerio. Recuerdo que, como quince días antes de su martirio, estuvimos conversando en esta ciudad… Durante una hora me estuvo hablando de su ministerio y pude palpar su grande entusiasmo y decidido valor”.

Rafael Regalado Sandoval

 

 

“Por lo que pude apreciar de su vida, creo que el Siervo de Dios tuvo las virtudes teologales, (…) respecto a su fe, su devoción a la Sagrada Eucaristía, a la Santísima Virgen, por el celo de los compañeros.              De su fortaleza me di cuenta aún antes  de su muerte, ya que, por el ambiente en que vivía de dificultades por la persecución, y sin embargo, él, con mucha naturalidad estaba resuelto a seguir trabajando, como si se tratara de ir a un ambiente normal”.

Rafael Regalado Sandoval

 

 

“En ese tiempo la autoridad civil seguía una conducta de persecución completamente inhumana, sólo por la protesta de parte de la jerarquía contra algunos artículos de la Constitución. Había descontento, y esto llegó a rebelión. Entonces el Gobierno atribuía a la jerarquía católica dicha sublevación(…)

El Siervo de Dios, ciertamente no tenía relación con los grupos levantados en armas (…) él ejercía sus funciones en plan puramente ministerial y de paz”.

Rafael Regalado Sandoval

 

 

 

San Tranquilino Ubiarco Robles,

Pbro. Mártir

 

“Se presentaba conmigo afable, risueño  y con vehementes deseos de trabajar […] en una palabra, en todo lo referente al santo ministerio, se portó como verdadero soldado de Cristo, y era arrojado para lo que convenía a la gloria de Dios”.

  1. Lino Pérez, párroco de Moyahua

 

 

“Estuvo poco tiempo (en Tepatitlán, Jal.), habitando en varias partes o casas, hacía bautismos, asistía              a matrimonios, atendía a los enfermos  y heridos, celebraba la Santa Misa, no sé si con frecuencia, en casas particulares y en diferentes partes de la población.

Nunca supe de quejas por deficiencias en su ministerio, antes bien, atendía hasta con temeridad           su oficio. Todo esto lo supe de oídas  de los que fueron testigos presenciales”.

Sabino Alcalá Gutiérrez

 

 

“Según oí, se expresaba más o menos de este modo: ‘ahora es la oportunidad, está el cielo muy cerca y muy barato, ahora hay que conseguirlo’”.

Sabino Alcalá Gutiérrez

 

 

“Sé que era muy adicto a la causa de los cristeros, pero no me consta que haya participado, o proveyendo de armas o incitándolos a adherirse al movimiento dicho, nada sé de esto. Por adicto entiendo que tenía simpatía por la causa, y que quizás ayudaba moralmente, y esto lo sé porque me han contado”.

Sabino Alcalá Gutiérrez

 

 

“En cuanto a prudencia, si creo que le faltaba un poco, porque cuando yo le decía o le recomendaba: ‘Mire, padre, cuídese, hay tal o cual peligro’; entonces él me decía: ‘cobarde’, ‘morir por Dios’, y seguía adelante. Yo recibía noticias de los peligros, de D. José Ruiz, que era entonces el comandante”.

Lorenzo de la Mora Díaz

 

 

“(…) El fruto de su ministerio fue muy grande; era de un celo infatigable, a todas partes iba, tanto que, la noche que lo aprehendieron, no quiso que yo fuera con él, porque tanteó (comprendió) que yo corría peligro, o que me opondría a que él se expusiese; él hacía todo lo que se ofrecía sin importar                    ni el peligro ni las dificultades”.

Hilario Plascencia Romero

 

 

“Nos llamaba unas cuatro o cinco veces para aleccionarnos sobre cómo debíamos portarnos en este tiempo de persecución.  Lo reconocíamos como párroco. Aquí en Tepatitlán trabajó mucho, y no perdonaba medio para cumplir con sus ministerios, tanto que hasta dio su vida”.

Francisco González Cortés

 

 

 

San Pedro de Jesús Maldonado Lucero,

Pbro. Mártir

 

“Desde pequeño se distinguió por su piedad, por su obediencia y la práctica de todas las virtudes.                     Su devoción al Santísimo Sacramento y a la Virgen María lo distinguieron toda su vida”.

Martín Luis Quiñonez

 

 

(Después que salió del Seminario) “Contaba el mismo padre  Maldonado que en ese tiempo (1914), al ir un día con su violín bajo el brazo, se encontró con un compañero del Seminario, quien le dijo que ese no era su camino. Él reconoció la voz del Señor que lo llamaba y de nuevo regresó al Seminario”.

Martín Luis Quiñonez

 

 

“Le gustaba jugar ajedrez en su casa. Comía de todo, aunque no muy elegantemente. Su carácter era enérgico, pero muy tratable. Las impresiones que tuve del padre fueron muy buenas, (era) muy amable con todos.

Lo que le gustaba a él mucho eran  las obras de teatro y él mismo inventaba algunas”.

José Manuel García Aguilar

 

 

“Era un sacerdote piadoso, amante de la Eucaristía (…) oí que decían que era un loco, pero su locura realmente era su amor a Cristo en la Eucaristía. A mí me tocó verlo pasar casi toda la noche ante el Santísimo en muchas ocasiones”.

José Manuel García Aguilar

 

 

“Además del Santísimo Sacramento tenía gran devoción a la Santísima Virgen María en todas sus advocaciones, y celebraba todas sus fiestas con gran solemnidad. También algunas fiestas de santos, como San Isidro Labrador, San Pedro y San Pablo. El fin de año, Nochebuena, etc.”.

José Manuel García Aguilar

 

 

“Yo no me di cuenta de que el Siervo de Dios tuviera alguna idea política,  lo que el padre atacaba eran las leyes que venían de arriba, como el artículo 3o y la educación socialista. De allí  que las autoridades, y sobre todo los villistas, le tomaron odio. Cuando los maestros empezaron a enseñar a los niños cosas antirreligiosas, el padre se opuso tajantemente”.                                 José Manuel García Aguilar

 

 

“Los principales rasgos de la personalidad del Siervo de Dios: su fidelidad, su sencillez, su bondad y su amabilidad. Su aspecto físico era regular, más bien débil. Su carácter bondadoso”.

Martín Luis Quiñonez

 

 

“El Siervo de Dios era consciente del peligro que corría; era lo que el Sr. Guízar y Valencia le decía, que tuviera mucho cuidado, por eso se escondía hasta donde las circunstancias lo permitían, porque además había muchas personas solapadas que daban una cara al padre y otra a las autoridades”.

José Manuel García Aguilar

 

 

“En 1934 el P. Pedro Maldonado preso, maltratado y amenazado de muerte por la policía fue desterrado a El Paso, Texas”.

Martín Luis Quiñonez

 

 

“Andaba siempre vestido con su traje negro y alzacuello, y llevaba siempre una vida de pobreza. Era muy simpático,  muy digno de tratar, inspiraba su imagen un ejemplo de sacerdote al sólo verlo. Su mirada muy apacible. Su aspecto revelaba siempre una profunda meditación interna de un verdadero sacerdote”.

Manuel Raigosa López

 

 

“El repartió mucho, mucho, el folleto E.V.C. (el verdadero católico) y también un librito que ahora no recuerdo como se llamaba, pero con ese librito nadie se acercaba a confesar sin leer o hacer el examen de conciencia. También hacía un catecismo aprobado por el Sr. Obispo D. Antonio Guízar y Valencia, catecismo que debía estar en cada familia”.

Manuel Raigosa López

 

 

“El Viernes Santo de 1936 (…) se dirigió a mí diciéndome: ‘Urbalijito, si no tienes miedo de ir a confesar enfermos al barrio de la estación, vamos allá’. (…) Al pasar por una antigua capilla en ruinas, los esbirros de Andrés Rivera nos asaltaron a dos fuegos por ambos lados del camino (…). Al día siguiente mi papá encontró como 200 cartuchos quemados, de diferentes calibres, en el lugar en donde nos emboscaron. El padre no se acobardó con el asalto y siguió celebrando públicamente cumpliendo con su ministerio”.

Agustín Urbina Cruz

 

 

“La aprehensión (10 de febrero de 1937) tuvo lugar en unas tapias que estaban pegadas a la casa de mi abuelita Ángela Ortega de Loya. Este lugar se encuentra en La Boquilla del Río (Chih.). La aprehensión la llevó a cabo el Sr. Rafael Armendáriz, que era el jefe de la cordada (policía)”.

José Jesús Ortega Loya

“Propiamente preso no estuvo (el Siervo de Dios) porque en cuanto llegó a la presidencia le dieron el pistoletazo. El padre quedó privado; con él no hubo ningún diálogo (…) perdió el conocimiento.

Lo que sí puedo decir es que mi papá, Jesús José Ortega, contaba que a él y a Genaro Calderón los apresaron, y Genaro vio cuando al padre le daban el pistoletazo. Subía las escaleras, el segundo escalón, cuando vio que Andrés Rivera (revolucionario) se expresó así: ‘Así te quería agarrar, desgraciado’       y le golpeó con la pistola y el padre perdió el conocimiento”.

José Jesús Ortega Loya

 

 

“Cuando lo vi en el Hospital Central estaba inconsciente, su quejido sería de amor a Dios, pero no de desesperación. (…)  Lo que se notaba en su cuerpo yo lo vi, eran unos golpes brutales, sobre todo en el cráneo. Tenía levantado todo el cuero cabelludo, (…) los golpes que le dieron fueron de muerte; no murió inmediatamente (…) quedó en estado agónico”.

Sixto Francisco Gutiérrez Olivas

 

 

SAN DAVID GALVÁN

 

“Tras su conversión despreciaba las cosas del mundo, se demostró un personas constante en las situaciones duras y adversas”.

Superiores del Seminario Mayor de Guadalajara.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, II, Informatio, 146-147; Summ, 118, & 409

 

 

“Eran los últimos meses de 1914. Estando en Amatitán, Jal., el teniente Enrique Vaca arrestó al P. Galván. Lo llevaban preso a Tequila, y me ofrecí a acompañarlo. En una oportunidad le sugerí al padre se escapara, pero él se negó. Luego lo llevaron preso a Ameca, después a Guadalajara, allá lo dejaron libre en diciembre de ese año”.

Juan González Mercado

 

 

“El 30 de enero de 1915, el padre Galván invitó al padre Rafael Zepeda Monraz a acompañarlo a confesar a los revolucionarios heridos en los combates. No quiso acompañarlo ante tanto peligro disculpándose de que él no era el párroco ni ministro encargado.  Él padre Galván le respondió: ‘No por obligación, sino por caridad’. ‘¡Qué mayor gloria que morir salvando un alma, a quien acabo de absolver!’, le dijo a su compañero que lo desaconsejaba a bajar a la calle’”.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, I, Informatio, 149; II, Summ, 106, & 366

 

 

El P. David invitó al P. José María Araiza a confesar heridos revolucionarios. “Al pasar por un  cuartel les preguntaron los soldados si eran frailes. ‘Sí, somos sacerdotes’, les contestaron los dos. Los detuvieron. (…) Los dos sacerdotes encarcelados se confesaron (…) El padre Araiza dijo al P. David que lamentaba estar en ayunas. ‘No importa, nos vamos a comer con Dios’”.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, I, Informatio, 150-151; II, Summ, 109, & 380

 

 

“Antes de morir, el padre David entregó las pocas monedad que tenía a los soldados (…) Se quitó el sombrero y no quiso que le vendaran los ojos. Murió de pie, indicando a los soldados que le dispararan al corazón y no a la cara. Mandaba el pelotón un subteniente llamado Martín del Campo”.

Positio Magallanes et XXIV Sociorum Martyrum, I, Informatio, 150-151; II, Summ, 109, & 380

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